Por: Juan Paredes Castro |
Los diagnósticos de la realidad peruana se han ido pareciendo en el tiempo, en abundancia y valor, a las riquezas que ella esconde.
Es ya común hablar de un Perú sobrediagnosticado y de un Perú subgerenciado, condiciones nada competitivas e imperdonables para estos tiempos.
Las propuestas acumuladas, como productos de aquellos diagnósticos, tampoco exhiben mejor suerte. Pesan tanto en la balanza como sus propias frustraciones.
"El perro del hortelano" (I y II) de Alan García viene a sugerir esta pregunta: ¿qué le hace falta a las propuestas peruanas para generar debate, enganchar con la realidad, calar en la sociedad y generar un mecanismo vinculante de compromiso y cumplimiento?
¿Qué hemos sido capaces de trasladar, por ejemplo, del Acuerdo Nacional a la ley y de la ley a su cumplimiento? Prácticamente nada. Pero de la Mesa de Diálogo de la OEA, en plena crisis política, entre el derrumbe del fujimorismo y la transición a la democracia, sí pudimos plasmar acuerdos que inmediatamente se convirtieron en leyes, adoptando un curso de cambio en la realidad política del momento.
Si la Mesa de Diálogo de la OEA, en la que estaban representadas todas las fuerzas políticas democráticas, hubiera durado un poco más, otra cosa habríamos cosechado de la transición, quizás hasta extendiéndola un tiempo más. Lamentablemente pesaron otros intereses y preferimos correr apresuradamente, como tantas veces en la historia, a la convocatoria de nuevas elecciones.
A un día de la inauguración de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) en Trujillo, que sin duda al final tendrá más de una propuesta que ofrecer, deberíamos buscar una respuesta propicia a la necesidad de que muchas de las buenas ideas que circulan en el país pasen a formar parte del tejido estructural y funcional del país, hebra a hebra, hilo a hilo, trama a trama.
La propuesta de "El perro del hortelano" tiene la ventaja que viene de un poder (el Gobierno) y va hacia el otro poder (el Congreso), con una evidente fuerza vinculante que cualquier otra propuesta, desde el llano, no la tiene, además de su capacidad de abrir debate y polémica por su autoría presidencial.
Ojalá que más temprano que tarde las propuestas peruanas forjen mecanismos vinculantes de compromiso y cumplimiento, de abajo hacia arriba y horizontalmente. No será un aprendizaje de tejido en tres días como el lema de la CADE de ahora, sino quizás en mil días, pero tan urgente y necesario como la inclusión social, cuyas propuestas de la CADE anterior no sabemos quién las recogió y en qué se plasmaron.