Por Eduardo Morón. Economista*
El presidente García, muy lejos de sus antiguos balconazos, ha planteado a través de este Diario una serie de reformas que buscan resolver lo que él denomina el síndrome del perro del hortelano. En palabras simples, el problema planteado por el presidente es que en el Perú hay una larga lista de recursos que no se pueden explotar. Las razones de dicha situación mayoritariamente están teñidas de ideología más que de razón y, en varios casos, el perro del hortelano es el propio Estado que impone trabas burocráticas que hacen imposible el desarrollo.
Me parece no solo interesante sino importante que el presidente se embarque en este diálogo abierto de sus ideas y prioridades. Creo que es urgente ejercer un liderazgo eficaz en varios de los temas señalados y, en ese sentido, hay que aplaudir este esfuerzo.
No obstante lo anterior, creo que la gran tarea pendiente de este gobierno es reducir significativamente el número de familias que viven en situación de pobreza y pobreza extrema. Eso tiene primera prioridad. Creo necesario insistir en que mientras el Perú no camine en esa dirección estaremos cultivando la opción de un cambio radical en cualquier momento. Cambio que, como vemos en algunos de nuestros vecinos, no genera bienestar sino que, por el contrario, lleva a una situación de conflicto que empobrece aun más a los más pobres.
En ese sentido, extraño en la opinión del presidente un rol mucho más crucial en el tema de integración física vía la construcción de infraestructura. El rol de los TLC es reducir el impuesto que pagan nuestras empresas por comerciar con mercados más dinámicos. Esa es la potencia de los TLC. Ese mismo impulso se necesita en aquellas zonas del país donde, en parte por condiciones geográficas, hay pobres. La ausencia de infraestructura que los conecte a mercados más dinámicos les impone un impuesto implícito equivalente al que nuestras empresas pagan por comerciar con EE.UU. Dotarlos de caminos, de electricidad, es acercarlos a la modernidad y con ello, superar la pobreza definitivamente.
Un punto que me preocupa del artículo del presidente es que la mayoría de soluciones que propone potencian la inversión privada en zonas donde no necesariamente hay problemas de pobreza extrema. Resulta curioso ofrecer incentivos para la inversión en medio del 'boom' más importante de inversión de los últimos años. Un gran riesgo de reversión de todo lo avanzado está justamente en hacer que el crecimiento no sea pro pobre, es decir, que mejore la situación de todos y no solo de los más favorecidos.
A partir de hoy en CADE más de 700 personas intentarán contestar cómo se puede tejer un país más próspero y justo. Esta discusión tendrá que ver con lo señalado por el presidente. El perro del hortelano está vivito y coleando y hacen falta muchas voluntades alineadas para impulsar la actividad privada en cada rincón del país. Los cambios necesarios son muchos y, en varios casos, requieren cambiar la forma en que el Estado participa. Es bueno que el presidente haya identificado varios ejemplos. Como diría el poeta, se hace camino al andar. Empecemos ya.
*INVESTIGADOR Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.