José Egoavil vigila desde hace 34 años un equipo que nunca funcionó. Hoy, además de sufrir el mal de altura, no sabe cuál será su destino, pues el lugar donde trabaja tiene que ser reubicado
Por Raúl Mayo Filio
José Egoavil Frías (54) es desde hace más de 30 años el guardián imperturbable de un equipo que jamás funcionó en un laboratorio científico ubicado en el distrito de Morococha, provincia de Yauli, a más de 4.540 m.s.n.m., donde las temperaturas llegan a 15 grados bajo cero y el clima está permanentemente acompañado de vientos helados y nieve.
José llegó al asiento minero de Morococha cuando tenía 17 años y tres años después fue contratado para vigilar una cámara hipobárica que el Instituto de Biología Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) instaló para estudiar los males que provoca en el hombre la exposición o actividad física desplegada a más de 4 mil metros de altura.
Pese a la importancia del equipo, este nunca ha funcionado debido a que ningún técnico ha acudido al lugar en 30 años, refiere José, quien, irónicamente, ha desarrollado los síntomas que la cámara hipobárica debía investigar como el mal de montaña crónica, como se llama a la producción excesiva de sangre por baja oxigenación.
José tiene un cuadro de hemoglobina sobresaturada que llega a los 24 miligramos, cuando el nivel normal es de 13 a 14 miligramos. Asimismo sufre de intensos dolores de cabeza, mareos y cansancio. Pese a ello, continúa cumpliendo con sus obligaciones de guardián, con un sueldo de 35 soles diarios.
Según Lorenzo Vargas Alfaro, ex médico de la NASA y especialista en medicina aeroespacial, la cámara que nunca ha funcionado fue una donación de la mina de Morococha "en reconocimiento a doctor Carlos Monge Medrano, quien dedicó gran parte de su vida a estudiar el mal de altura, pero el equipo nunca se utilizó". En 1974, Vargas quiso utilizar la cámara para desarrollar una prueba de altura para la aviación del Ejército, pero se le informó que estaba fuera de funcionamiento.
PODRÍA DESAPARECER
El Instituto de Biología Andina, el laboratorio científico más alto del mundo, se construyó en 1989 por iniciativa del fisiólogo francés Francois Gilbert Viault, de la Universidad de Burdeos, quien llegó al Perú para estudiar los efectos que sobre el organismo produce la disminución de la presión atmosférica de las alturas, así como la aclimatación de los seres vivientes en esas condiciones.
Según Lorenzo Vargas, en ese laboratorio se ha comprobado que males como las alergias, el asma e incluso los problemas coronarios desaparecen a mayor altura. Sin embargo, el importante centro de investigación deberá ser reubicado para dar paso a las operaciones de explotación del mayor yacimiento de cobre del país a cargo de la minera de Toro Mocho. La misma suerte correrá la localidad de Morococha.
Fernando Grados, gerente de Relaciones Comunitarias del consorcio minero, refirió que dicha compañía está comprando terrenos para reubicar a los pobladores. Sin embargo, el centro de investigaciones del Instituto de Medicina de Altura corre peligro, pues la nueva Morococha estaría a 4.200 m.s.n.m., una altitud inferior a lo que requiere para sus estudios.
Existe otro terreno que sí se ubica a 4.500 m.s.n.m., pero las autoridades de la UNMSM tendrán que convencer a los habitantes de Morococha de escoger ese lugar. La historia apenas comienza.