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Padres de familia vivieron horas de incertidumbre y dolor

Al promediar las 11:00 a.m. de ayer, el terminal de Expreso Cial, ubicado en el distrito de La Victoria, era todo confusión. Algunos lloraban de impotencia, como Pablo Chávez, quien no sabía con exactitud el estado de su nieto Pablo Hernández (17). Otros deambulaban de un mostrador a otro. El mejor ejemplo de ello era el padre de César García, que trataba de conocer el paradero de su hijo, a quien felizmente sabía con vida. Y por si fuera poco, nadie daba respuestas claras.

Por ello, a los padres y familiares de los alumnos del colegio Santo Domingo de Guzmán no les quedaba otro remedio que compartir la escasa información recolectada a fin de recrear de alguna forma lo sucedido. Así, lo poco que sabían era la hora, el lugar del accidente y que posiblemente habían fallecido seis personas. La falta de información facilitaba el nacimiento de rumores, y que el chofer del bus se habría quedado dormido era uno de ellos.

El padre de García le exigía a la administradora del terminal información sobre la ubicación de su hijo, con quien minutos antes había podido comunicarse a través de un celular prestado. "Sé que tiene rota la cabeza, pero no está grave", señaló. "Sería terrible que por su estado le permitan regresar a Lima y terminemos cruzándonos en el camino". 

Los familiares continuaban llegando. En sus rostros estaban marcadas la incertidumbre y la angustia. Era comprensible que no quisieran comentar lo ocurrido.

Y en medio de tanto desconcierto, John Estrada, representante del colegio, asomaba como una excepción. Él apuntaba los nombres de los padres a fin de ubicarlos dentro de un bus que saldría al mediodía rumbo a Apurímac. Aunque la tranquilidad de Estrada desapareció al momento de expresar sus quejas: "No es posible que tuviésemos que hacer un escándalo para que Cial nos atendiera", dijo.

El terminal terrestre seguía acumulando gente. Apareció personal del Ministerio de Salud con la intención de brindar apoyo psicológico a los padres de familia. Para ese momento, los nombres de algunos de los fallecidos circulaban de boca en boca. Pablo Hernández se encontraba entre ellos.

Fernando Torres, representante de la Defensoría del Pueblo, también llegó para decir que su institución serviría de puente entre los familiares y Expreso Cial. Lamentó lo ocurrido pero, sobre todo, lamentó que muchas empresas de transporte no cumplan con los requisitos de seguridad necesarios para evitar accidentes.  

Alrededor de la 1:00 p.m., la jefa del área de Relaciones Públicas de Expreso Cial, Janet Abad, dijo lo que nadie hubiera querido escuchar: los nombres de las personas fallecidas. El segundo aviso de Abad -- la salida de un vuelo comercial que llevaría a los padres de las víctimas-- sería lo de menos. Ya no había apuro. La muerte había llegado primero.

Cial dice que todo estaba en regla
La jefa del área de Relaciones Públicas de Expreso Cial, Janet Abad, desmintió que el accidente protagonizado por uno de sus buses en Apurímac tuviese relación con el cansancio de alguno de sus conductores, pues --según dijo-- estos cumplen rigurosamente con sus horarios de descanso y son supervisados constantemente por el plan Tolerancia Cero del Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

Abad dijo que todos sus vehículos cuentan con el SOAT al día y que, luego de que se investiguen las causas del accidente, la parte legal de Expreso Cial indemnizará a los familiares de las víctimas. Solicitó que el MTC se encargué de señalizar mejor la vía de la carretera Chalhuanca-Abancay.

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