Por Foncho Miró Quesada
La gran mayoría de los turistas mundiales prefieren viajar a zonas ecuatoriales de calor intenso. Si damos una mirada respecto al controversial y complicado objeto del lenguaje, pensamiento y cultura como vemos de qué manera nuestros modos o estilos de vida están dominados por las condiciones climáticas. ¿Qué características de la gente son el resultado del clima, temperatura y humedad? ¿Algunos países son afectados más que otros? ¿Puede alguno de nosotros combatir o evitar las restricciones que las fuerzas de la naturaleza nos ha impuesto?
Algunas de estas preguntas son más fáciles de contestar que otras. Para comenzar, uno puede suponer que algunos países sufren menores problemas climátológicos que otros. Tomemos como ejemplo a Francia. Los franceses, lejos de aquellos que viven en la punta nor-oeste, cercana a Inglaterra, disfrutan ciertamente del mejor clima de Europa. La temperatura normal de Francia, especialmente al sur de París facilita una coexistencia con la naturaleza, relativamente fácil. Los franceses padecen muy pocos problemas de origen climático. Sin embargo, uno podría creer que los aspectos dominantes de la cultura francesa son el resultado de otros factores (por ejemplo, historia) y no una reacción climática. Sería fácil concluir que este clima agradable ofrezca a los franceses una vida fácil de sobrellevar (lo que no es así); pero por otro lado, esto podría contribuir a su calmosa superioridad con respecto a otros (la cual tienen).