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Otro espíritu

Rincón del autor

Por Jaime de Althaus Guarderas

Ahora hay un gran objetivo nacional, insoslayable: conquistar el mercado norteamericano, y lograr que la mayor parte posible de los peruanos participe en esa conquista. La gran ventaja de un reto nacional de esta magnitud, es que pone el enemigo --si cabe tal término-- fuera del país, y no dentro. Obliga a sumar esfuerzos, a remar en la misma dirección. Fomenta la asociación, no la disociación. El aporte, no el boicot. La colaboración, no el conflicto.

Lo que probablemente ocurrirá es que cada región, cada provincia, cada distrito, cada comunidad, cada empresa, cada institución, cada universidad, cada familia se preguntará: ¿Cómo puedo participar, qué puedo exportar, o qué bien o servicio puedo venderle al que exporta? ¿Cómo me engancho, en suma? Se exigirá caminos y carreteras para bajar los costos de transacción, una educación secundaria más práctica y técnica, que prepare para algo y que enseñe inglés, unas universidades que adecuen su oferta de profesiones, maestrías y diplomados a la demanda de las empresas para la exportación o para las distintas formas de turismo receptivo, y capacidad de investigación tecnológica para facilitar la innovación y la creación de tecnología y nuevos productos. Se les pedirá a los gobiernos regionales y al gobierno nacional orientación, seminarios, cartillas, y a nuestros agregados comerciales en Estados Unidos --y en todos los mercados externos-- identificar la demanda en esos países, los productos que se importan y poner a disposición de todos esos listados con las características de los productos. Se le exigirá a los puertos y aeropuertos funcionar con eficiencia y bajo costo, y al Congreso unas leyes laborales más flexibles y menos onerosas que sean cumplibles a fin de poder contratar formalmente y participar así en las exportaciones. Se necesitará un Poder Judicial que resuelva, rápidamente y sin coimas, los conflictos que se presenten entre socios o entre partes en un negocio, para que los que inviertan tengan garantías.

El país entrará en otra dinámica, en otra velocidad, en otro nivel de exigencia. Las coartadas históricas para la inacción o la ineficiencia perderán peso. Se tendrá que imponer la cultura de la meritocracia, del presupuesto por resultados, de la rendición de cuentas, del servicio al ciudadano (por parte del Estado). Los puestos públicos dejarán de ser sinecuras o prebendas.

Las empresas serán vistas como portaestandartes de la nacionalidad y su interés será el de todos y el de sus propios trabajadores porque lo que el país podrá exportar será lo propio, lo que puede ofrecer, lo que está en las manos y en el cerebro de todos.

Los candidatos de todos los partidos se verán obligados a formular propuestas para aprovechar mejor el TLC --este y otros-- de modo que habrá una competencia de ideas positivas apuntando al mismo objetivo. El debate político tenderá a volverse más constructivo. Otro espíritu, en suma. Bienvenido sea.

Cada región, cada provincia, cada distrito, cada comunidad, cada empresa, cada institución, cada universidad, cada familia se preguntará: ¿Cómo puedo participar...?

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