BIOGRAFÍA. Una personalidad adictiva y autodestructiva
EL ALCOHOL, LA HOMOSEXUALIDAD Y OTROS DETALLES EN LA VIDA DEL CÉLEBRE ACTOR SE REVELAN EN EL LIBRO DE MARC ELLIOT
NUEVA YORK [EFE]. "Incluso yo quiero ser Cary Grant". Así definía el célebre actor su admiración hacia quien aparentaba ser, una fachada tras la que se escondía un hombre atormentado entre la estrella y la persona, y en cuya vida se sumerge ahora el escritor Marc Eliot.
En "Cary Grant. La biografía", Eliot define al actor como un tipo simpático, elegante, obsesionado con su físico, enamoradizo, fantasioso, tacaño hasta la médula --cobraba 25 centavos por cada autógrafo--, de personalidad adictiva con tendencia a la autodestrucción y a veces inestable.
No es difícil imaginar que Grant reunía todos los ingredientes para ser un cebo fácil de la prensa sensacionalista, en donde, sin tapujos, en más de una ocasión se chismorreó sobre su relación, abiertamente homosexual, con el atlético actor de 'westerns' Randolph Scott.
A Grant y Scott los unía --como afirma Eliot-- su gusto por beber, fumar, la ropa cara, el humor socarrón y que ambos, sexualmente, no eran especialmente tórridos, ya que consideraban el sexo como algo accesorio.
Pero si había un rumor que podía dañar la imagen de una estrella era el de ser homosexual, algo a lo que Grant, obsesionado con triunfar, pondría punto final al casarse con Virginia Cherrill, protagonista del filme de Chaplin "Luces de la ciudad".
Incapaz de olvidar a Scott, este fue el primero de los cuatro divorcios de Grant a lo largo de su vida. El actor incluso llegó a asegurar que sus fracasos matrimoniales se debían a que solo se enamoraba de las mujeres que suplían la dolorosa ausencia de su madre, quien, supuestamente, murió cuando tenía 10 años, aunque dos décadas después descubriría que su madre estaba viva en un manicomio.
Incapaz de sentirse feliz, el inseguro Grant, "el hombre más amado de la faz de la Tierra que luchó a lo largo de su vida por encontrar el amor", amortiguaba su dolor con litros de alcohol. Con los años, llegó a superar su alcoholismo medicándose, durante casi dos décadas, con LSD en terapias controladas junto a otras celebridades como el escritor Aldous Huxley.
Pero si hubo un drama personal que siempre persiguió a Grant fue la negativa de la Academia de Hollywood a concederle un Óscar, por trabajar de manera independiente. Esta enemistad de los miembros de la Academia se acentuó después de la guerra, cuando lo acusaron de estar "demasiado a la izquierda" por, entre otras cosas, su defensa de Charles Chaplin o Ingrid Bergman, que habían sido marginados de Hollywood (el primero por antinorteamericano, inmoral y comunista y la segunda por adúltera).
Finalmente, en 1970, cuando Gregory Peck presidió la Academia y comenzaron a respirarse vientos de cambio, Grant recibió el Óscar honorífico a una carrera sin precedentes. Dicen que el día que le comunicaron el premio Grant rompió llorar.