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LA ODISEA DEL MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE LIMA

El alcalde del hortelano

Por Álvaro Roca Rey. Escultor

Creo que era el extraordinario arquitecto Héctor Velarde quien decía que "nuestras ciudades deben de cuidarse más de los alcaldes que de los terremotos".

El caso del proyecto del Museo de Arte Contemporáneo de Lima, ubicado en Barranco, es algo para meditar. La historia es sencilla y hasta poco original, pues es similar a la del nacimiento de otros museos en el orbe: un grupo de ciudadanos cultos, generosos y probos ofrece a la comunidad hacer un museo poniendo al servicio de este ideal su colección, tiempo y dinero. ¿Por qué? Pues porque esa institución llamada museo resulta ser el instrumento más eficiente de autoafirmación, memoria, deleite, producción cultural, desarrollo comunitario y una larga lista de bondades que se resumen en el sagrado término de "cultura" y hay gente que cree en él con firmeza.

El desarrollo de los países se podría casi medir por la cantidad de museos que tienen. Ciudades españolas han marcado pautas, como la de Bilbao antes y después del Museo Guggenheim, tal ha sido el aporte positivo en todos los sentidos. En Madrid, el Museo del Prado acaba de ampliarse con una inversión astronómica (que se pagará colateralmente por si sola y en poco tiempo). Argentina, Chile, México, Colombia, Venezuela..., estos vecinos crecen en --y gracias a-- estos entes. La pujante China acaba de inaugurar en Beijing uno de los más fabulosos museos del mundo, el De la Capital, y está reconstruyendo el grandioso Museo Nacional. En Alemania, Francia, Italia y otras naciones europeas no hay prácticamente una ciudad que no tenga uno o varios museos.

¿No es acaso sinónimo de París el Louvre, de Londres el National Gallery, de México el Antropológico, de Nueva York el Metropolitan, de Florencia Los Uffizi, de Estambul el Topkapi, de Sao Paulo el Museo de Arte Moderno, de Toronto el Royal Ontario Museum? ¿No son acaso orgullo y fuente de riqueza para el ciudadano y atractivo primordial para el visitante?

Igualmente, en muchísimas partes del planeta son las municipalidades las que aportan locales, custodia y fondos para la creación y mantenimiento de estos centros de cultura, ya sean del Estado o privados. Pero ahora resulta que en un distrito de la capital del Perú, llamado Barranco, el alcalde, de la manera más absurda e inopinada, se opone y amenaza con paralizar o boicotear la construcción y el derecho que tiene la capital del Perú a beneficiarse de un Museo de Arte Contemporáneo. Cabría reflexionar si este funcionario tiene ideas más despejadas que el resto de los gobiernos locales del planeta que apoyan radicalmente a estas instituciones culturales.

Tamaño despropósito es merecedor del repudio de la comunidad no solo barranquina, no solo limeña y peruana, sino internacional. Todo aquello que se oponga al desarrollo cultural y cívico de un país va en contra de los intereses de la nación y de las competencias del cargo para el cual fue elegido. Así pues --de oponerse-- el daño que ocasionaría y la responsabilidad que asumiría hacia el pueblo serían muy graves.

¿Cuál es el costo-beneficio para el distrito? Muy sencillo: se ha cedido un espacio descuidado y con una laguna abandonada y seca a cambio de un hermoso jardín con un lindo espejo de agua y obras de arte, abierto libremente al público y que revaloriza la zona. Ello sin que el contribuyente invierta un céntimo. El museo no cobra por ello, antes bien paga a la comuna una suma, simbólica es cierto. Pero si el alcalde desea hacer dinero, que ponga entonces un casino en lugar de un museo. Ahora bien, si lo que desean los habitantes es un verdadero enriquecimiento para ellos, las noticias son buenas, el Museo de Arte Contemporáneo se está construyendo; y para aquellos que piensan que la cultura es cara, les sugiero que prueben con la ignorancia.

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