LIBROS DEL CAPITÁN
Por Jorge Eslava
UN FANTASMA EN MI CAMA
Rocío Gold
Santillana Lima, 2001
S/. 29
No gracias. No me gustaría en la cama, ni en el ropero siquiera. Que se quede donde está. hay tantas referencias a estos seres sobrenaturales que es difícil negar que existen.
Al carecer de poderes mágicos, ellos se dedican a asustar a la gente y de paso prestan inspiración al arte. Sirvan de muestra la leyenda del Buque fantasma, la presencia brumosa del padre de Hamlet, la inquietante aura en Otra vuelta de tuerca y muchos otros testimonios de entre muertos, al que el espíritu romántico alentó como un fetiche del terror.
El relato de Rocío Gold no tiene escenarios de la novela gótica -castillos con pasajes subterráneos y escaleras secretas-, tampoco personajes vampirescos ni trama enmarañada.
Es en el fondo la historia de una amistad, que se ve impulsada por extrañas manifestaciones y que se desenvuelve por estos días, entre jovencitos de un acomodado ambiente urbano.
El argumento nace en el colegio, donde la rara conducta de Lorena atrae a la narradora y pronto se harán muy amigas, sobre la confianza de una íntima comunicación -aunque intermitente- y de un secreto compartido.
No tardará Rodrigo en ingresar, dentro de este pacto, para dinamizar la historia y emprender la caza de unos fantasmas perturbadores. La aventura recurre a creencias populares y a una misteriosa cifra que habrá que desentrañar.
"No duermo. Los espero. ¿A quién va a ser? ¡A los fantasmas! Se trepan en mi cama y empiezan a olerme detrás de las orejas, me lamen la nariz, me mordisquean el pijama. Siempre es igual.
Lo espero sobre todo a él, a Ojos Colorados. Algo quiere. Me mira tan fijo, tan de cerca que puedo oler su aliento a mentol y siento su piel gelatinosa y sus ojos son como lamparines rojos. En esos momentos me parece que me voy a ahogar porque no respiro."
Es notorio el sobresaliente trabajo del lenguaje. La historia es narrada con una voz trémula, que se ajusta eficazmente al discurso en primera persona y a la segmentación recortada, apremiante.
Los diálogos entre los chicos son rápidos, a ratos ingeniosos y a ratos infaustos. Pese al tema tremebundo no encuentro sensiblería, sino un tratamiento inteligente de luces y sombras.
En el último punto es donde aparece un desencuentro: las buenas acuarelas de Ana María Gazzolo se ven afectadas por los efectos digitales, que lucen ajenos a la atmósfera del relato.
No obstante, un excelente libro inaugural de la autora, quien es psicóloga de profesión y sospecho que parapsicóloga cuando escribe.