SEMBLANZA: ES EL QUINTO BRASILEÑO QUE GANA ESTE GALARDÓN
La FIFA distinguió ayer al brasileño kaká como el mejor futbolista del 2007. El jugador del AC Milan superó a Messi y a Cristiano Ronaldo
Por Jaime Cordero C.
Henos aquí ante un jugador de otro planeta. Uno que pone en aprietos tanto a los defensores como a los periodistas. Los primeros no tienen idea de cómo detenerlo; a los segundos nos obliga a algo a lo que cada vez estamos menos acostumbrados: a comentar el fútbol en estado puro. De la falta de práctica, más de un colega se debe haber olvidado cómo hacerlo. Pero de Kaká solo se puede hablar en ese plano, que en estos tiempos puede parecer anodino e incómodo.
Nunca se lo ha visto envuelto en escándalos, nunca se le ha escuchado --ni se le escuchará-- una declaración incendiaria o fuera de sitio. Nunca lo verá entrando a una discoteca en horas inadecuadas ni se enterará de que ha quebrado las reglas de una concentración. Lo más probable es que ni siquiera lo vea insultando a un árbitro. Más que un bicho raro, es un caballero vestido de corto. Un extraterrestre.
El único show que ofrece este brasileño de 25 años es el que puede verse cada vez que pisa una cancha de fútbol. Pero ese espectáculo que por momentos puede llegar a ser sublime sabe a poco en estos tiempos marcados por la moda de Beckham y sus imitadores. Cada vez más, los futbolistas del siglo XXI aspiran a desenvolverse en la alfombra roja con la misma prestancia que en la alfombra verde. Todos menos Kaká, que ahora resulta ser el mejor creador de juego y el peor generador de titulares del mundo. Un campeón zanahoria que remeció a los medios de todo el mundo cuando confesó que llegó virgen al matrimonio y --lo peor de todo-- que le costó mucho sobreponerse a las tentaciones.
Fue el momento más frívolo de un jugador que juega y se porta como si estuviera por encima del bien y el mal, que ignora cuánto ganan sus compañeros en el Milan y que agradece a Dios todos y cada uno de sus goles. Herencia, sin duda, de su estricta formación evangélica y del agradecimiento que siguió a su milagrosa recuperación tras el grave accidente que sufrió en el 2000. Ese año se fracturó una vértebra cervical en un parque acuático y se temió que pudiera quedar parapléjico. Un año después estaba tan recuperado que debutó con el Sao Paulo y no tardó nada en convertirse en figura.
A los 18 años, tenía el mundo futbolístico a sus pies. También a las mujeres, que identificaron en el espigado jovencito de pelo corto y afeitada al ras un proyecto de 'sex symbol'. Solo faltaba que él quisiera serlo. El problema es que nunca ha querido. Debe ser un dolor de cabeza para los expertos del mercadeo, tamaño desperdicio.
El tema es que a Kaká solo le interesa promocionar lo que dice la Biblia y lo mucho que ama a Jesús. Es de lo único que habla en las entrevistas que da, y que deben ser un dolor de cabeza para los editores. Nada de frases altisonantes ni palabras destempladas. Puros agradecimientos a Dios y fórmulas que puestas en labios de otros suenan como salidas de compromiso. En Kaká son todas verdaderas. Cuando le preguntaron por qué creía que había ganado el Balón de Oro, contestó que era "otro regalo de Dios". Y cuando le preguntaron si sentía la envidia que generaba en sus compañeros, se limitó a acotar que "la envidia es pecado".
"En Milán, todo el mundo se alegra de mis éxitos porque yo me alegro de las cosas buenas que les suceden a los demás", le dijo al periodista de "France Football" que le hizo la entrevista. "Se recoge lo que se siembra. Si has sembrado honradez, recibes honradez. No vale todo por ganar. El fútbol no es una guerra. Jesús dijo: Ama al prójimo como a ti mismo. Trato todos los días de poner en práctica sus palabras. Incluso en el campo". Kaká no declara, predica.
Dios, que es su copiloto, decidió regalarle este año una obscena camionada de títulos. Campeón de Europa y del mundo con el AC Milan, mejor jugador de ambas competencias, figura estelar de una selección donde lo que sobran son figuras.
Kaká ha tenido un año tan soberbio que hasta Maradona y Pelé se han puesto de acuerdo en que es el mejor del mundo. Por eso ayer la FIFA, en su gala anual de Múnich, confirmó lo que estaba cantado y le dio el trofeo al mejor del año. Dobló en puntuación a Messi (1.047 a 504) y dejó en tercer lugar a Cristiano Ronaldo (426). Ya está en el nivel de Romario, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, los otros cuatro brasileños que ganaron este premio instituido en 1991. A los 25 años, ha llegado al parnaso futbolístico. Cuando se retire, quiere convertirse en pastor evangélico. Y así será, si Dios quiere.