Rincón del autor
Por Jaime de Althaus Guarderas
Wong era un ejemplo de cómo una pequeña empresa familiar podía convertirse, en dos décadas, en un emporio que vende mil millones de dólares, y con calidad total. Era el símbolo de las posibilidades de ascenso económico fulgurante que ofrece una economía de mercado abierta para el que trabaja bien. Y alimentaba el orgullo nacional, porque había derrotado a la competencia que fue chilena al comienzo, y luego holandesa, aunque desde hace unos años ya totalmente peruana.
Por eso, lo que molestó no fue tanto que se vendiera, sino que se vendiera a un grupo chileno. El portaestandarte nacional había caído. Esto, por supuesto, en el plano de la guerra permanente que el imaginario nacional sigue librando con Chile. Pero los analistas de izquierda van más allá y ven en esta operación la prueba de la debilidad del empresariado peruano, que ya perdió Inca Kola a manos de la Coca-Cola, Backus a manos de Bavaria y casi todas las tiendas por departamentos y hasta las farmacias a manos también de grupos chilenos. Para no hablar de la minería, el petróleo y el gas. Todo esto debido a la lógica "neoliberal" que privilegia la inversión extranjera y a la que el mercado interno no le preocupa (Humberto Campodónico, "La República", 18/12/07). Es decir, políticas que han debilitado el capital nacional propiciando la desnacionalización.
Por supuesto, es al revés. No solo el mercado interno es más fuerte que nunca, sino que lo que debilitó y casi desapareció al capital nacional fueron las políticas proteccionistas y estatistas anteriores --las nacionalizaciones, el cierre del mercado interno, la inflación, etc.--, de modo que cuando se tuvo que privatizar para reanudar la acumulación de capital, ya casi no había grupos nacionales fuertes. Más bien, en los últimos 15 años, con las nuevas políticas, han aparecido nuevos grupos peruanos que, a diferencia de los anteriores, proceden no de la clase plutocrática tradicional sino de la base de la pirámide social, del pueblo: los Añaños (Ajeper, Kola Real), de un pueblo de Ayacucho; los Rodríguez (grupo Gloria), de un pueblo encima de Arequipa; los Huancaruna (Café Altomayo, Pucalá, etc.), campesinos de Jaén; los Flores Aquilino (Topy Top), comuneros de Huancavelica... Todos los cuales, además, se han internacionalizado y son, junto con los dos grupos Belmont (Belcorp y Unique), verdaderas y poderosas transnacionales peruanas, que antes nunca tuvimos.
A ellos hay que agregar, entre otros, al grupo Wong, que ha vendido su cadena de supermercados pero no ha desaparecido como grupo: sin duda reinvertirá ese capital en otras áreas y crecerá aun más, como hizo el grupo Brescia cuando vendió su participación en Backus.
Si los chilenos pueden comprar en el Perú y nosotros todavía no allá, es porque ellos se afiliaron a la lógica "neoliberal" mucho antes que el Perú, a mediados de los 70. Han acumulado, entonces, tanto capital, que tienen que invertirlo fuera. Si hubiésemos comenzado con ese modelo 20 años antes, como ellos, acaso Wong estaría comprando Cencosud. ¿Quién tuvo la culpa?
Si hubiésemos comenzado con la lógica "neoliberal" 20 años antes, como los chilenos, acaso Wong estaría comprando Cencosud