DEL EDITOR
Por Virgina Rosas
Si algo no se le puede negar a Nicolas Sarkozy es su indiscutible talento para el espectáculo. El presidente francés ha convertido en pocos meses la política de su país en un interminable culebrón, con sus cuotas de poder, dinero y sexo. Con sus estados de ánimo cambiantes, sus amores e infortunios, sus intervenciones tipo príncipe valiente en la liberación de las enfermeras búlgaras, sus pedidos a favor de la secuestrada Ingrid Betancourt, Sarkozy es el héroe innegable de su propia telenovela.
Los episodios de la saga 'Sarkozy en el Elíseo' no aparecen gratuitamente: El 18 de octubre, día en que comenzaba la gran huelga de transportistas, el portavoz presidencial anunciaba el divorcio definitivo de la efímera pareja presidencial. Cecilia Sarkozy, la rebelde y sensual esposa del presidente galo, culminaba así su fugaz paso por la política francesa. Nunca quiso ser primera dama --dijo-- pues quería seguir siendo políticamente incorrecta y aprovechó para hacer 'mutis por el foro' --pese a que la separación se rumoreaba desde antes de la toma de mando-- justo cuando su marido enfrentaba el gran movimiento sindical de los transportistas. Los medios se ocuparon con profusión del divorcio y la huelga pasó a segundo plano. ¿Casualidad? Nadie lo cree.
Decidido a manejar personalmente su agenda mediática, Sarkozy no tuvo ningún reparo en convocar a tres revistas del corazón --entre ellas "Paris Match" que ha hecho suyo el lema de "una foto vale más que mil palabras"-- para que fueran testigos de sus paseos amorosos por Euro Disney con Carla Bruni, la hermosa ex modelo y actual cantante de origen italiano.
La cuidadosa puesta en escena de los escarceos amorosos del presidente en la tierra de Mickey Mouse se dio a conocer justo al día siguiente de la controvertida visita del líder libio convertido súbitamente a las buenas causas, Muamar Gadafi. El paso por París del siniestro personaje acusado de terrorismo y recibido con honores en el Elíseo elevó voces de indignación no solo entre la oposición, sino en el seno del propio gabinete de Sarkozy.
Ahí estaba para mitigar el golpe la guapa Carla Bruni de la mano de 'super Sarko', apenas dos meses después de su sonada separación. Sus allegados afirman que el presidente llevaba todavía el anillo matrimonial quince días antes del anunciado romance.
La Sociedad de Periodistas de "Paris Match" (SDJ por sus siglas en francés) , que agrupa al 80% de los hombres de prensa del semanario, ha protestado por la publicación del reportaje realizado por la fotógrafa Bettina Rheims porque ningún periodista acompañó a la reportera gráfica en el recorrido, contraviniendo el principio de que "cualquiera sea el tema 'Paris Match' debe asociar el peso de las palabras al impacto de las fotos". Sobre todo cuando el reportaje, además de la portada, le dedica 16 páginas a la parejita en cuestión.
El periodista Gerard Courtois, director de "Le Monde", resume en un artículo la preocupación que producen en la opinión pública francesa las actuaciones mediáticas del presidente. "Reemplazar la democracia por la telecracia no carece de riesgos. Para el propio presidente, condenado a actuar cada vez más. Y para el país, transformado en juguete magnífico de un niño rey".