UN LARGO BRAZO DE LA JUSTICIA ITALIANA
En total 140 órdenes de detención emitió la jueza de Roma Luisianna Figliolia como parte de la investigación preliminar por la desaparición de 25 ciudadanos de origen italiano en la llamada Operación Cóndor.
Dicha operación fue un plan de coordinación entre los servicios de seguridad de las dictaduras militares del cono sur de América en la década de 1970 y que devendría en una organización clandestina para la práctica del terrorismo de Estado. Llevó a cabo asesinatos y desapariciones de opositores a las mencionadas dictaduras.
Las acusaciones que apuntan hacia el Perú tienen relación con el secuestro de cuatro montoneros argentinos efectuado en el Perú en junio de 1980. Según la denuncia se trató de una operación secreta ejecutada por militares peruanos y argentinos, en junio de 1980.
La operación se consumó con la detención y el secuestro de María Inés Raverta, de Julio César Ramírez y de Noemí Gianotti de Molfino, quienes fueron conducidos hasta la frontera con Bolivia y de allí transportados por militares argentinos. Raverta y Ramírez continúan desaparecidos, mientras que Gianotti apareció muerta poco después en un apartamento de Madrid.
Al respecto Pedro Richter Prada, ex primer ministro del gobierno de Francisco Morales Bermúdez, dijo que esas personas fueron detenidas y expulsadas del país a Bolivia. Explicó que la expulsión se produjo porque ingresaron al país con pasaportes falsificados y nombres falsos y no por ser parte de la Operación Cóndor.
En su libro "Muerte en el Pentagonito", Ricardo Uceda cita al general Francisco Morales Bermúdez, quien considera que fue un error la deportación a Bolivia, y declara que al enterarse de este hecho montó en cólera porque consideraba que era previsible que las fuerzas de seguridad bolivianas entregarían a los detenidos a los militares argentinos. "Me encolericé porque no me consultaron... Yo los habría enviado a México, donde iban a estar seguros", son las declaraciones de Morales Bermúdez.
DEL CONSULTOR
HÉCTOR LÓPEZ MARTÍNEZ. Historiador
Montoneros en retirada
Durante el cambio de gobierno, en 1980, fui designado por el presidente electo Fernando Belaunde y por quien sería ministro del Interior, José María de la Jara, para que en mi condición de próximo viceministro "recibiera" dicha cartera.
Esto ocurrió los primeros días de junio y, por entonces, tuvo lugar la deportación de montoneros argentinos a Bolivia y la captura de otros en Miraflores. Por intermedio de un amigo, dos montoneros, en representación de los que quedaban en Lima, pidieron hablar conmigo. Ellos temían que al asumir la jefatura del Estado el presidente Belaunde los deportara, lo cual significaba ponerlos en inminente peligro de muerte. Sugirieron, veladamente, que se les diera en el Perú una especie de protección. Consulté este asunto con José María de la Jara y con el presidente Belaunde. Se acordó que mi respuesta fuera que por razones humanitarias no habría tal deportación, pero que se les daba un plazo suficiente para que pudieran salir del país. Los montoneros aceptaron agradecidos este convenio verbal y, según pude comprobar en la Dirección de Migraciones, lo cumplieron. Esa fue la retirada de los montoneros que estaban por entonces en el Perú.