Por: Juan Paredes Castro |
Después de la experiencia reformista de Allan Wagner en Defensa y de la espera de lo mismo a cargo de Luis Alva Castro en Interior, la pregunta es si hay otros actores en primera fila que deberían estar comprometidos con los cambios, además de los ministros.
En efecto, los planes de reforma militar y policial se habían centrado, hasta ahora, solo en lo que podían hacer los ministros de Defensa e Interior. No se había pensado en el papel cooperante que podían desempeñar los altos mandos, que eran vistos, por el contrario, y a causa de la cooptación en los tiempos de Vladimiro Montesinos, con más recelo que confianza y con más razones para ser convidados de piedra en la mesa de la reforma.
Aurelio Loret de Mola enfrentó, por ejemplo, una dura resistencia durante su gestión, principalmente desde el lado de la Fuerza Aérea. Los gruesos callos pisados por Wagner en el Ejército le valieron más de una colisión interna y más de una campaña de difamación externa desde sectores castrenses reacios a los cambios. La llegada de Ántero Flores-Aráoz a Defensa lo coloca ante la disyuntiva de profundizar la línea de reforma emprendida por Loret de Mola y Wagner, o ceder a las demandas y un statu quo que significaría un grave retroceso institucional en las FF.AA.
De otro lado, la gran deuda política contraída por Alva Castro ante el país tiene que ver, sin duda, con la reforma del Ministerio del Interior y la reforma de la Policía Nacional. Aquí también, al igual que los altos mandos militares, los altos mandos policiales no se han sentido llamados a formar parte de una corriente reformista porque nadie los ha querido comprometer desde arriba con los cambios y porque ellos mismos no han deseado romper con estructuras que afectan su propia carrera.
Si queremos que las reformas en los ámbitos militar y policial tengan realmente éxito, sus conducciones tienen que comprender ahora, y de manera decisiva, a los comandantes generales del Ejército, de la Marina, de la Aviación y al director de la PNP. Esta deberá ser la novedad del 2008. Por algo los últimos relevos y nombramientos en los altos mandos militares y policiales no hacen sino confirmar que los ministros Flores-Aráoz y Alva Castro tendrán menos resistencias a los cambios en sus sectores de las que puedan imaginar.
O sea que si Flores-Aráoz, con los comandantes generales que tiene, no profundiza lo hecho por Wagner, y si Alva Castro, con el director de la PNP que acaba de ser designado, no emprende la tantas veces postergada reforma policial, ambos ministros habrán desperdiciado espectacularmente su paso por Defensa e Interior.