FILOSOFEMAS
Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo
La palabra "playa" proviene del griego 'plagía'. Ahora que empezó el verano de lleno, muchísimas personas irán a bañarse en las playas que queden más cerca de donde viven, aunque no pocos irán a las que están lejos, porque las consideran más atractivas. ¿Qué cantidad de miles de personas se bañan en verano? Creo que nadie lo sabe. Pero son muchísimas, podrían ser más de un millón.
El único rasgo común que tienen todas las playas del mundo es estar en la ribera del mar, una superficie plana, formada de arena. Generalmente hay, en cualquier playa, casas y, en algunas de ellas, hasta hoteles, incluso de cinco estrellas. Algunas tienen malecón, y entre el malecón y el mar hay arena que puede ser de muchos tipos. Hay arenas grisáceas, que son feas, por lo menos a mí no me gustan, y sería raro que les gustaran a otros. La arena más abundante es la amarilla. Hay diversos tipos de ella, desde el amarillo un poco desteñido hasta un amarillo precioso que casi brilla como el oro. Pero este tipo de arena es escaso. En algunas playas hay pequeñas piedras que crean problemas para muchos bañistas. Las formas de las playas varían al infinito. Las hay completamente rectas, casi siempre el mar que baña sus orillas es bravo. Solo algunos valientes son capaces de lanzarse y cruzar las olas y algunos se ahogan, víctimas de su insensatez; otras son curvas cuando el mar entra en la tierra formando ensenadas, bahías o caletas.
En el Perú hay por lo menos doscientas playas. Lo que no es ni poco ni mucho para una costa que tiene una extensión superficial de unos 3.000 kilómetros de largo.
Supongamos que se hiciera un concurso para saber cuál es la playa más bonita del Perú. Los resultados del concurso podrían ser interesantes, pero, en el fondo, no tendrían ningún valor, pues cada departamento, con pocas excepciones, votaría por la suya. Pero supongamos que se votara con honestidad, dejando de lado el amor por lo propio. Parece que ganarían las del norte, por sus aguas cristalinas y cálidas, arenas finas, gozan de sol todo el año y poseen un mar apacible, cuentan con excelente infraestructura hotelera, restaurantes y otros servicios, tales como Punta Sal, en Tumbes; Colán y Máncora, en Piura. Todos los que han llegado hasta estas playas atestiguan que son hermosísimas. Algunos prefieren Punta Sal o Colán y otros Máncora. A mí me gusta más Máncora, pero el gusto es siempre muy subjetivo.
La mayor parte de quienes se bañan utilizan bloqueadores para evitar que el fuerte sol les produzca manchas y hasta heridas. Felices tiempos aquellos en los que nadie se preocupaba de cremas ni de bloqueadores, simplemente se tendían en la playa.
Me gustaría ir a Máncora, pero estoy demasiado lejos de ella. Para llegar tendría que recorrer muchísimos kilómetros. Lo más que puedo hacer es viajar hacia el sur hasta una pequeña caleta, que se llama Bujama. Más cerca y más lejos de Bujama también hay lindas playas, como Playa Blanca.
Pero ya empezó enero, con toda la fuerza del sol. No me queda sino desear a todos los bañistas que gocen al máximo del mar y desearles un feliz y próspero año nuevo.