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ARQUEOLOGÍA Hallazgo en el valle de Jequetepeque

La última sacerdotisa de San José de Moro

RECIENTES EXCAVACIONES EN EL VALLE DE JEQUETEPEQUE HAN DEVELADO UN ENTIERRO ÚNICO: LA TUMBA DE LA ÚLTIMA SACERDOTISA MOCHICA SERÍA EL ESLABÓN PERDIDO ENTRE EL COLAPSO DE SU PUEBLO Y EL INICIO DE LA CULTURA LAMBAYEQUE

Por Marianne Blando Dejardin

En 1991 un equipo de arqueólogos de la Pontificia Universidad Católica del Perú, al mando del arqueólogo Luis Jaime Castillo, comenzó a realizar trabajos de excavación en San José de Moro, un antiguo cementerio ubicado en el valle de Jequetepeque. La finalidad del proyecto fue saber quiénes vivieron en el lugar y qué era lo que hacían.

"San José de Moro es único porque abarca 1.200 años de ocupación continua entre los que figuraron los mochicas, los del periodo transicional, los lambayeques, los chimúes, los incas y hasta los españoles que fundaron el antiguo Chepén", nos explica Luis Jaime Castillo.

Después de 17 años de investigaciones lo más relevante de los descubrimientos de San José de Moro es el hallazgo de tumbas sumamente importantes de mujeres. "Hay evidencias de que se trató de mujeres que participaron en ceremonias trascendentales. La liturgia mochica más importante es el ritual de los sacrificios humanos, y uno de los papeles más importantes lo tenía la sacerdotisa. En otros lugares hemos hallado vestigios de su existencia, pero solo en San José de Moro han aparecido tantas tumbas de sacerdotisas, tal vez porque en el valle de Jequetepeque le daban más importancia al rol de la mujer por alguna razón que aún desconocemos", explica Castillo.

En agosto del 2007 el equipo encontró otra tumba de sacerdotisa, pero esta vez se trataba de un hallazgo único. "Esta es la última sacerdotisa mochica, pues su entierro marca el fin de esa cultura. Después de su muerte los mochicas colapsaron. Además en esta tumba se encuentran los elementos de lo que vino después. Es un eslabón entre los mochicas y el período transicional que se transformó luego en la cultura Lambayeque", explica Castillo.

Las excavaciones aún están en su etapa inicial, pero se sabe que la sacerdotisa tenía unos 25 años y que fue enterrada junto con otras 10 personas que fueron sacrificadas. Los dos primeros esqueletos analizados también fueron de mujeres.

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