Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

Los llaneros solitarios

Por: Juan Paredes Castro |

A falta de instituciones y mecanismos formales de poder, una nueva clase ha hecho su aparición metafórica en la vida política peruana: la de los llaneros solitarios.

Tiempo atrás el propio primer ministro Jorge del Castillo era uno de ellos, hasta que la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo (LOPE) vino a darle legalidad y legitimidad a la separación de roles entre él (a cargo del día a día gubernamental) y el presidente de la República (más recostado en la jefatura de Estado).

Quien no deja de ser y sentirse un llanero solitario así le sobren formalidades a su disposición es Alan García.

¡Qué mejor ejemplo de llaneros solitarios que los presidentes regionales!

El viernes último, por ejemplo, fueron bajados de sus caballos para entrar en Palacio de Gobierno a respirar un poco del aire de institucionalidad estatal que tanto desconocen. Ahora que después de 48 horas han vuelto a sus sillas de montar quizás sientan que han aprendido algo de trabajo en equipo y de coordinación con el Gobierno Central, o sencillamente teman todavía asumir responsabilidades para las que no están preparados.

El llanero solitario de la semana ha sido sin duda el presidente del Poder Judicial, Francisco Távara. No solo el Gobierno lo dejó sin piso en medio de una huelga administrativa ilegal y desembolsos presupuestales no autorizados, sino también el Congreso, cuyos 80 votos necesarios para aprobar la reforma constitucional judicial siguen siendo difíciles y el mayor reto que se ha autoimpuesto Luis Gonzales Posada.

Este es otro de los llaneros solitarios de la política. Ha empezado por tratar de escalar algunas pendientes. Su mediación para un diálogo entre el Jurado Nacional de Elecciones y el Tribunal Constitucional ha abierto una fuente de entendimiento entre ambos en busca de una mejor salida al tema de la devolución del Fonavi. Igualmente ha abierto camino a concertaciones legislativas, lamentablemente sujetas, como ocurre con el humalismo y el fujimorismo, a presiones de canje de alto costo político.

Desde que Carolina Lizárraga ejerce la jefatura de la Oficina Nacional Anticorrupción, el contralor Genaro Matute se ha quedado solo en el reclamo de prerrogativas que cree que le han sido despojadas. Ha pasado a ser un llanero incómodo para el Gobierno y para él mismo. El encuentro de mañana con Lizárraga, Gonzales Posada y Del Castillo, en el Congreso, quién sabe lo devuelva a la tranquilidad de sus tareas, mediante un deslinde más preciso entre la ONA y la contraloría.

Por sabe Dios cuánto tiempo más, encarnaciones metafóricas, como la de los llaneros solitarios, cubrirán los vacíos y las carencias institucionales de nuestro sistema político.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google