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La leyenda del cacique

PERSONAJES. Uno de los sobrevivientes de Juaneco y su Combo, el grupo musical más influyente y respetado de la selva, ofreció un pequeño concierto en una comunidad de Pucallpa. Wilindoro Cacique mantiene la misma voz y la misma mística de hace 40 años

Por Ricardo León Almenara

Todo en la selva es relativo. Quiere decir que nada debería llamar demasiado la atención o que lo raro es mayoría: mejor lo segundo. El vocalista original de Juaneco y su Combo, el famoso grupo que hace 40 años convirtió la cumbia amazónica en algo definido, pasa las tardes en Pucallpa semidesnudo y sentado en la entrada de su casa que también funciona como cochera para mototaxis --o en la cochera para mototaxis que también funciona como su casa, el viceversa depende de las horas punta--, a menos que lo contraten para alguna presentación en Lima, que puede ser un trabajo gustoso incluso cuando hay que viajar en ómnibus. Incluso cuando después de cantar las canciones históricas de Juaneco en los conciertos le exigen "El embrujo" casi como prueba de fuego. Por desgracia, la competencia está dura en esto de las cocheras para mototaxis.

Wilindoro Cacique viene a ser el sobreviviente de ese trío base que en 1966 formó Juaneco y su Combo: Noé Fachín, guitarrista (lo llamaban 'El Brujo' porque se cree que descubría melodías durante sus sesiones de ayahuasca; sin rumores no hay leyendas), murió en 1976 en un accidente aéreo (sin tragedias, tampoco). El tercero era Juan Wong Paredes, líder de la banda y compositor principal y acaso un producto bandera no oficial: alguien escribió alguna vez que "Juan Wong es de Pucallpa su Bob Dylan". Algún día será grafito.

Junto a Los Mirlos, el grupo pucallpino sumó y restó los ingredientes que le daba el momento: la costa otra vez miraba a la selva por el 'boom' petrolero, la cumbia llegaba desde Colombia y Brasil a través de las primeras estaciones de radio en la zona y, al mismo tiempo, los entonces novedosos instrumentos musicales eléctricos eran algo así como la bisagra entre un grupo folclórico y otro con ciertas aspiraciones discográficas. Los Mirlos y Juaneco y su Combo son por eso los padres del llamado 'Poder Verde', no importa que nadie sepa exactamente qué es eso.

***

Si al clima le da la gana, una hora demora el viaje en bote a la comunidad shipiba de San Francisco; Wilindoro regatea el precio del pasaje con el botero y el botero regatea el precio del galón de petróleo en un grifo bastante informal: la orilla de un río tiene sus leyes mercantiles propias.

A Wilindoro se le ocurrió invitar a dos periodistas que pasaban por Pucallpa a un concierto en esta comunidad de artesanos y chamanes que también es conocida porque en las fiestas de clausura de su colegio contratan grupos de la selva. La orquesta se llama Wilindoro y la Leyenda Viva de Juaneco, y esta noche toca para los graduados de primaria. Llovió un par de horas seguidas, así que lo que iba a servir como escenario se ha convertido en un patio de juegos y el grupo se acomoda --es un decir-- en un espacio bajo techo alumbrado por un solo foco y que además tintinea porque el río ha estado bajo estos días: 25 vatios para un concierto suena a metáfora de supervivencia.

(Durante el trayecto en bote, Wilindoro había podido recordar el año del primer concierto de Juaneco y su Combo en Iquitos, en 1967, y había podido recordar que los recibieron en el aeropuerto y que el Ejército tuvo que salir a controlar a la multitud, y había podido recordar que el local destinado para el concierto quedó chico y tuvieron que tocar prácticamente en la calle, y había podido recordar que apenas tocaron tres o cuatro temas porque cuando empezó a sonar la guitarra libidinosa de Fachín en la canción "Vacilando con el ayahuasca" --del género amazónico-arábico-psicodélico, según los entendidos, y que además incluía gemidos femeninos explícitos-- las mujeres empezaron a quitarse las blusas y los hombres quisieron quitarles también las faldas y se armó un problema que excedía una simple pelea de borrachos: era el caos exquisito y Fachín seguía tocando. Wilindoro también había podido recordar, antes de quedarse dormido en el bote, que esa noche rabiosa se refugiaron en una casa anónima dos días sin salir a la calle hasta poder regresar a Pucallpa. Y que los periódicos de Iquitos acusaron a los músicos de instigadores).

A las tres y media de la mañana, Wilindoro y la Leyenda Viva de Juaneco toca "Mujer hilandera" por segunda vez; a estas alturas no importa que el foco quiera apagarse, no importa el hambre porque los organizadores del evento han repartido pachamanca entre los músicos, y tampoco importa que la cerveza se venda más o menos sin helar ni que algún borrachito se esté acercando a tomarse fotos con las bailarinas a la mitad de la canción; el concierto es perfecto y el contrato dice que tocarán hasta que amanezca. Hasta ahora nadie ha pedido "El embrujo".

***

Ya se ha muerto mi abuelo (ayayay) / tomando trago (ayayay) / ya se ha muerto mi abuelo (ayayay / tomando masato (ayayay) Esta canción la compuso Wilindoro en los días más tristes: cinco compañeros suyos habían fallecido en el accidente aéreo y el grupo parecía disolverse en su mejor época. Él había decidido que no cantaría hasta que se le pasara la pena y se había ido a su pueblo natal, Masisea. Varios meses después, con músicos de reemplazo, Juaneco y su Combo ofreció un concierto en una pequeña comunidad y en el camino Wilindoro pasó por una casa donde estaban velando a un anciano muerto. La canción ni siquiera la escribió, solo la cantó y le buscó una música adecuada (con los años las versiones han evolucionado, una de ellas dice Ya se ha muerto mi abuela (ayayay) / comiendo suri (ayayay) etc.).

Después de 40 años, el grupo todavía mantiene las mismas canciones, pero los miembros se han ido dividiendo y ahora hay varios Juaneco y su Combo que tocan en varias ciudades del país, excepto en Pucallpa. Wilindoro ya lo asumió, pero todavía recuerda que en algunos colegios locales había cursos que incluían la historia de Juaneco como patrimonio amazónico y que los alumnos iban a buscarlo a su casa para hacerle preguntas y que él las respondía. Eso era antes: hoy más de la mitad de los habitantes de esta ciudad proviene de la sierra y el ambiente cultural ha cambiado. En la última fiesta de San Juan en Pucallpa, por ejemplo, el concierto estelar fue de Dina Páucar. Ese día Wilindoro y la Leyenda Viva de Juaneco sí tocó, pero en Lima.

***

Según lo estipulado en una regla recién implantada por Wilindoro, si una canción se interrumpe por cuestiones técnicas se vuelve a tocar desde el principio. Dentro de una hora debería amanecer y los músicos y las bailarinas y el único foco siguen en lo suyo.

La historia de Juaneco y su Combo no es solo musical. Cuando el grupo apareció en la selva pucallpina había dos mundos paralelos, pero lejanos: la brecha social entre los mestizos instalados en la ciudad y los miembros de las comunidades shipibas era tan amplia como puede imaginarse.

Pero la selva es un universo de símbolos: los Juaneco hicieron un experimento y empezaron a usar 'cushmas' y otras prendas nativas típicas en sus conciertos y en sus letras se mezclaron elementos de la vida de la ciudad (como en "Selva, selva") y del monte (como en "El llanto del ayaymama"). Dicen los viejos en Pucallpa que era la primera vez que ambos mundos tenían algo en común y que era la primera vez que mestizos y shipibos se ponían a tomar cerveza con un solo vaso en las fiestas.

Entonces este concierto de Wilindoro Cacique cantando temas de Juaneco en una comunidad shipiba es mucho más que un concierto de Wilindoro Cacique cantando temas de Juaneco en una comunidad shipiba: es sociología charapa pura. Es erotismo amazónico-arábico-psicodélico. Es Bob Dylan reinventándose en el lugar de los hechos.

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