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PARALIZACIONES CALENTARON EL AMBIENTE LABORAL DEL 2007

Y la huelga continúa...

EL GOBIERNO ESTÁ DECIDIDO A DISMINUIRLOS, AUNQUE LA TENDENCIA ES CRECIENTE DESDE EL NACIMIENTO DE NUEVOS SINDICATOS

Por Azucena León Torres

La tercera semana de noviembre un grupo de 150 trabajadores marítimos decidió, piquete en mano, bloquear la entrada al puerto del Callao. La noticia no solo se convirtió en la peor pesadilla de los exportadores peruanos, que no pudieron movilizar contenedores repletos de productos en plena campaña de exportación, sino que también tomó por sorpresa al propio presidente Alan García, quien tuvo que dejar de lado las celebraciones de una inminente ratificación del TLC con EE.UU. para enfrentar su sexagésima novena huelga del año.

Esta paralización, fiel reflejo del descontento que aún persiste en algunos sectores por los bajos ingresos, fue sin duda una de las que más afectó la imagen del país y el bolsillo del sector privado, pues solo logró ser resuelta --en forma parcial-- nueve días después de haberse iniciado, previo compromiso de los operadores portuarios de acceder a negociar futuros incrementos salariales.

UNA TENDENCIA QUE PREOCUPA
Pero la de los estibadores portuarios no fue la única huelga registrada en el 2007. De hecho, Casapalca y Los Quenuales fueron los ejemplos más lamentables dentro de una larga lista de 73 casos que pudimos observar al concluir los doce meses del 2007. Y es que, según el Ministerio de Trabajo (MTPE), el número de huelgas en los sectores minero y manufacturero (que incluye rubros como el textil, pesquero, agroindustrial y la industria de alimentos), ha repuntado fuertemente en los dos últimos años (explican alrededor del 70% del total de paralizaciones). Incluso, la cantidad de trabajadores de estos sectores que participan en ellas ha pasado de 3.543 a 41.377 en menos de un año. Y, aunque nadie discute que el derecho de un trabajador de ir a la huelga para reclamar aquello que considera justo es válido, sí preocupa que estas paralizaciones pongan en riesgo vidas humanas (Casapalca), generen pérdidas millonarias (como los US$500 millones que se generaron con la paralización en el Callao) y nos resten competitividad, en momentos en los que aspiramos a convertirnos en una importante plataforma de exportación. Es quizá por estas razones que hace algunas semanas el Gobierno, a través de la entonces ministra de Trabajo, Susana Pinilla, anunció su intención de reducir las huelgas y los conflictos laborales en un 50% en el 2008. ¿Será posible?

MOTOR Y MOTIVO
¿Pero cuáles son las razones que originan una huelga? El laboralista Ricardo Herrera afirma que estas están directamente vinculadas con el nacimiento de sindicatos en sectores vírgenes (como comercio, pesca y agroindustria) y a la reactivación de otros en rubros que siempre contaron con uno y que por distintas razones decidieron hace algunos años disolverlos (básicamente textil y de alimentos).

"Los trabajadores se encuentran cada vez más interesados en asociarse, para mejorar sus ingresos (a través de la negociación colectiva), sobre todo ahora que el país atraviesa por una bonanza económica", explica. Con ello coincide el viceministro de Trabajo, Jorge Villasante, quien precisa que como en la mayoría de casos se trata de sindicatos nuevos con escasa experiencia de negociación, se dificulta que las partes involucradas se pongan de acuerdo, y que el aparente conflicto no culmine en una huelga.

Eso, agrega, es lo que ha pasado con algunos casos concretos como los registrados con Celima, Fibras Industriales, Empresa Industrial Papelera Atlas, CFG Investment, entre otros. "Se formaron sindicatos pero como las directivas tenían poca experiencia de negociación y no llegaban a un acuerdo con sus empleadores, buscaron ejercer presión con una huelga", señala.

PALABRA EMPAÑADA
Pero no es lo único. Herrera asegura que la situación también responde a los incumplimientos laborales por parte de algunas empresas (la falta de pago de remuneración, reintegros y horas extras).

Son precisamente los incumplimientos de algunos acuerdos a los que arribaron los estibadores con los operadores portuarios entre el 2006 y 2007 y el pedido para incrementar la jornada diaria de los obreros (que se situaba antes de la huelga en S/.48), los móviles que llevaron a los primeros a realizar la paralización del primer puerto peruano, agrega David Saavedra, secretario general del experimentado Sindicato Único de Trabajadores, Marítimos y Portuarios del Callao (Sutramporc).

Pero como reconoce Julio Ortiz, secretario de la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú, gremio protagonista de las principales protestas realizadas en el 2007, las razones también tendrían que ver con las negociaciones de nuevos pliegos de reclamos (pues muchos de ellos expiraron luego de cinco años), y sus aspiraciones para que los trabajadores por contrato pasen a la planilla de la empresa minera principal y para que estos también accedan a la distribución del pago de utilidades (tema que podría ser aprobado esta semana en la Comisión Permanente del Congreso).

EXTRALABORALES
Son precisamente estos dos últimos aspectos los que son objetados por Herrera y el representante en temas laborales de la Confiep, Felipe La Hoz, quienes consideran que las paralizaciones muchas veces tienen motivos extralaborales que no pueden ser solucionados por el sector privado en una mesa de negociación.

"Los cuestionamientos apuntan a la tercerización y eso, junto con la distribución de utilidades, son temas que requieren normas y dispositivos legales que solo dependen del Gobierno y que difícilmente pueden ser resueltos por el empleador", opina Herrera.

DEMASIADO OPTIMISTA
Así las cosas, si el Gobierno apunta a reducir de manera significativa el número de conflictos, ¿cómo lo hará? Un entusiasta Villasante asegura que están trabajando en dos aspectos fundamentales: la implementación de un sistema de alerta temprana que permitirá la prevención y solución de conflictos laborales y el denominado 'ISO laboral', con el que esperan incentivar las buenas prácticas laborales de las empresas.

En el caso de la oficina de alerta temprana, el objetivo sería por ejemplo intervenir luego del cuarto mes de la negociación colectiva de un pliego de reclamos, que es el tiempo promedio que se toman empleadores y trabajadores para llegar a un acuerdo. "Si la negociación tarda más, es claro que el tema puede concluir en una huelga. También las oficinas estarán más atentas cuando se produzca una rotación excesiva del personal de una empresa y evitar así alguna práctica antisindical, que suele ser camuflada en una renovación de contrato", asegura el ex director de la Oficina Nacional de Inspecciones.

Y aunque estima que la propuesta para implementar el ISO laboral estará lista para marzo, aún no se tiene definido qué estándares deberán exigirse a las empresas para certificar su buen comportamiento, ni cuáles serán los beneficios que se otorgarán a las que cumplan con lo que indica la ley.

BONO SALARIAL
Aunque todos los actores destacan la intención del Gobierno de reducir en un 50% la cantidad de conflictos laborales este año, la mayoría (incluyendo los laboralistas) opinan que no se debe hablar de porcentajes, pues el panorama podría pintarse aun complicado. Sobre todo porque se arrastra dos grandes conflictos que no lograron ser resueltos el año pasado, los cuales constituyen aún una bomba de tiempo, como el portuario (los estibadores amenazan con un nuevo paro) y el minero, cuyo gremio insiste que retornará a las calles en tanto el Gobierno no atienda todos sus reclamos.

Como buena parte de los reclamos apuntan a mayores expectativas salariales, el asesor de la Confiep, Felipe La Hoz, considera que podrían analizarse algunos mecanismos, como la 'franja salarial', que no generen un sobrecosto adicional para el trabajador. Esto implicaría, como lo planteó en su momento la Asociación de Exportadores (ÁDEX), la aplicación de un bono. "No es cierto que todos los trabajadores en el país estén mal remunerados, pero para los casos que aún lo estén podrían evaluarse ciertos mecanismos. Lo importante es no generar nuevos costos, pues los que existen en este país ya son muy altos", añade La Hoz.

La propuesta del bono fue bien recibida por el gremio de trabajadores textiles y portuarios. "Esta podría ser una buena alternativa. Pero nos preocupa, como ha sucedido en algunas ocasiones, que cierto grupo de empleadores no respeten su palabra. Es por eso que, en tanto no exista un compromiso de todos para nivelar nuestras remuneraciones, no descartamos un nuevo paro", indica David Saavedra, secretario general del Sutramporc.

Por su parte, Julio Ortiz, representante de los mineros, añade que el bono no es suficiente, pues no resuelve el problema de fondo del sector. Y aunque reconoce que estas decisiones no le corresponden al sector privado, sino más bien al Gobierno, insiste en que las empresas también deberían hacer lo suyo y aportar, por ejemplo, aceptando en el caso de la tercerización la responsabilidad solidaria. "Esto hará que si la contratista no responde, la principal asuma la responsabilidad para que el trabajador no se quede en el aire", sostuvo.

PUNTO DE QUIEBRE
Si los principales protagonistas de las huelgas se muestran un tanto renuentes a apostar por herramientas de negociación menos intransigentes y más realistas, la gran pregunta que surge es: ¿realmente será viable reducir la ola de huelgas?

El titular de la Sociedad Nacional de Minería, Energía y Petróleo, Ysaac Cruz, considera que sí y, aunque tampoco se anima a dar porcentajes, asegura que la gran y la mediana minería son respetuosas de las buenas prácticas laborales y siempre están dispuestas a buscar nuevos canales de diálogo. "Una prueba de que el diálogo sí prospera es que las negociaciones colectivas que más han progresado han sido en el sector eléctrico, donde incluso las huelgas han tendido a disminuir", señala.

Y aunque Ricardo Herrera opina lo contrario, cree que el Ejecutivo puede hacer más para evitar estos conflictos, con el refuerzo de las inspecciones laborales y un mayor esfuerzo para atender la demanda de los mineros. "En vez de buscar que un trabajador de una contrata pase a la planilla de la principal, podría establecer una negociación colectiva por rama y establecer un nivel mínimo de beneficios para esos trabajadores", añade.

Sin embargo, esto no es lo único que se requiere para lograr reducir las huelgas. Los sindicatos también deben dejar de lado las amenazas y actitudes intransigentes y agotar, junto a los empresarios, las vías de negociación.

Y las tratativas no deben ser un diálogo de sordos: a los empleadores también les corresponde aportar lo suyo y empezar a compartir, aunque sea en forma progresiva, ese mayor crecimiento que hoy registran las arcas de sus empresas.

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