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EDITORIAL

La cultura del secretismo en la Biblioteca Nacional

La vieja y nociva cultura del secretismo, pese a los notables avances legales, aún sobrevive en ciertos organismos públicos. Una suprema muestra del absurdo viene ocurriendo con la actual gestión de la Biblioteca Nacional bajo la dirección de Hugo Neira, que ha resuelto centralizar, visar y hasta vetar la información pública de ese organismo.

¿Desde cuándo es reservado el número de usuarios de la biblioteca en el 2006 y 2007, o el presupuesto desagregado de inversión en las bibliotecas públicas? Desde que Neira asumió el cargo estaría operando la política del secreto. Incluso, uno de sus allegados retuvo información que previamente había recogido nuestra reportera --para una nota sobre la promoción de lectura-- y que luego enviaron por correo electrónico con evidentes visos de mutilación.

Por cierto que estos datos ni siquiera habría que pedirlos en la institución sino que deberían estar colocados en su página web, como es su obligación y exige la ley. De otro lado, una asignatura pendiente para el director de la biblioteca es que vaya a la sección de normas legales y busque la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública y la Constitución vigente. Le será útil.

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