Por Héctor López Martínez. Historiador
En la República Argentina de las décadas del sesenta y setenta del siglo pasado, la inestabilidad política y la violencia fueron dos constantes que cada vez alcanzaban cotas más altas y sangrientas. Con algunos interregnos de gobiernos civiles, fue una Argentina militar que coexistió con otra Argentina 'militante', la de las guerrillas. Surgió el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de ideología trotskista, que cometió gran número de secuestros, asesinatos, asaltos a bancos, etc.
También comenzaron a actuar las llamadas "formaciones especiales" peronistas. Las más importantes fueron las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR); las Fuerzas Armadas Peronistas y los Montoneros, fundado por Fernando Abal Medina, que terminaría absorbiendo a todos los grupos guerrilleros peronistas. Los Montoneros se habían propuesto devolver el poder a Juan Domingo Perón. Sus militantes eran una mezcla de izquierda radical peronista, con jóvenes católicos 'progresistas' y nacionalistas.
El secuestro y posterior asesinato del general y ex presidente de la República Pedro Eugenio Aramburu (1903-1970) fue la carta de presentación pública de los montoneros. Siguieron luego una serie de secuestros, como el de los empresarios Juan y Jorge Born, por cuyo rescate los delincuentes montoneros exigieron sesenta millones de dólares. Los Montoneros administraban muy bien los fondos de sus extorsiones colocados en bancos suizos y en Cuba. Cada vez con más frecuencia asesinaban a policías y oficiales de las Fuerzas Armadas, siendo especialmente crueles los de los almirantes Berisso y Quijada. Las muertes de Arturo Mor Roig, ex ministro de Lanusse, del director del diario "El Día", de La Plata, y del sindicalista Rucci se calificaron como espantosas.
La reacción castrense y policial fue cada vez más indiscriminada y violenta. Se sustentaba en la Doctrina de Seguridad Nacional, apoyada por Washington, en el marco de la Guerra Fría. Las FF.AA de Latinoamérica debían ser una barrera infranqueable contra el comunismo y sus compañeros de viaje. En setiembre de 1973 Juan Domingo Perón gana las elecciones presidenciales llevando como vicepresidente a su esposa Isabel. Sin embargo, los crímenes de los montoneros no cesaban. El Día del Trabajo de 1974 una inmensa multitud aclamaba a Perón mientras que los montoneros seguían con sus exigencias. Entonces el veterano líder los increpó llamándolos "¡Imberbes, estúpidos!" y los expulsó de la Plaza de Mayo.
A la muerte de Perón (julio de 1974) lo sucede su esposa Isabelita pero quien gobernaba en realidad era el tenebroso López Rega. Isabelita fue derrocada el 24 de marzo de 1976 y se inicia el Proceso de Reorganización Nacional al frente del cual estaban el general Jorge Rafael Videla, el almirante Eduardo Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti. Un año antes, en 1975, los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia habían suscrito la operación Cóndor para darse apoyo en su lucha contra la subversión. Los Montoneros fueron infiltrados y la tortura y desaparición de sus militantes fue cada vez más numerosa. En 1977, su jefe, Mario Firmenich, escapó a Cuba con el dinero que habían obtenido mediante robos y secuestros. La diáspora montonera se agudizó en los años siguientes. La represión castrense, en Argentina, la resumió el general Ibérico Saint Jean con estas palabras: "Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanezcan indiferentes y, finalmente, mataremos a los tímidos". El Perú rechazó firmemente participar en la operación Cóndor, por lo que resulta absurdo involucrar en ella a los generales Morales Bermúdez y Ritcher Prada.