Sea bienvenida la inversión publicitaria, pero siempre y cuando esté sujeta a las normas y sin caer en el exceso y daño a terceros. Los paneles publicitarios en la Panamericana Sur son señal innegable de cómo una legítima actividad es pervertida y distorsionada cuando los anuncios invaden la carretera, al ser colocados al borde de la misma.
Es ya insoportable la contaminación visual que causa un negocio desbordado en temporada veraniega. Todo ello con la sospechosa complicidad de las municipalidades distritales, y en ciertos casos de las provinciales, que permiten la instalación de enormes anuncios sin respetar las ordenanzas. Es así como de los 217 paneles ubicados entre el kilómetro 20 y el 50 existen 87 que incumplen con las reglas de distancia entre uno y otro. Precisamente, ayer venció el plazo para reubicar estos anuncios y ahora serán notificados.
Es saludable que el rubro comercial crezca. Sin embargo, esta explosión comercial no debe conculcar la ley, perturbar ni poner en peligro a los usuarios de las vías y mucho menos fomentar corruptelas en los municipios, que a cambio de hacer caja, permiten estos atropellos. Todo esto debe investigarse y denunciar a los alcaldes comprometidos en estos esquemas oscuros.