Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
DESPUÉS DEL "¿POR QUÉ NO TE CALLAS?"

El futuro de las cumbres iberoamericanas

Por Yolanda Vaccaro. Periodista

¿Puede una frase empañar el trabajo de más de 16 años? Esa es la pregunta que se hacen muchos desde los 22 países cuyos gobernantes participan en las cumbres iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno. En la última cita, realizada el pasado noviembre en Santiago de Chile, el rey Juan Carlos, cansado de las impertinencias del presidente venezolano, Hugo Chávez, se dirigió a este con la ya más que famosa frase: "¿Por qué no te callas?". Una pregunta retórica que se ha convertido prácticamente en el único tema del que se habla en torno a las cumbres iberoamericanas. En Madrid, sede de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), al mando de Enrique Iglesias, los periodistas solo parecen recordar el rifirrafe de Santiago.

Al margen de la anécdota y de los ríos de tinta que se han empleado y se emplean a raíz de la frase de marras, la pregunta que flota en el aire es hasta qué punto las cumbres han quedado dañadas. ¿Es posible que sigan existiendo con este encontronazo? Cada vez que puede Chávez vuelve a exigir que el rey le pida disculpas, algo improbable. ¿Así las cosas, se volverán a sentar en la misma mesa?

Lo cierto es que las cumbres iberoamericanas son mucho más que reuniones anuales de dos días de los dirigentes de los países participantes. En cada edición se aprueban programas de desarrollo social que se ejecutan durante años y benefician a miles de personas, casi siempre con financiación hispana.

Tras el incidente de Santiago, los argumentos para defender el futuro de la institución son abundantes, pero, sin duda, el más contundente es el apuntado por Trinidad Jiménez, secretaria de Estado de España para Iberoamérica: Estas cumbres son, al margen de Naciones Unidas, el único foro en el que se sientan a dialogar frente a frente los presidentes y ministros de más alto rango de todos los países iberoamericanos. Son la única esperanza de que algún día Latinoamérica, junto a España, Portugal y Andorra, pueda hablar con una sola voz en el contexto internacional y, como dice Jiménez, solo por eso ya merece esforzarse por su continuidad y reforzamiento.

Ya se sabe que los gestos y la diplomacia importan mucho en las relaciones internacionales. Pero nadie se imagina, por ejemplo, que en el seno de Naciones Unidas, por un intercambio de opiniones, por duras que estas sean, se pueda pensar que la institución haya quedado seriamente dañada. El propio Chávez, tan locuaz, ha llegado a decir, en la sede central de Naciones Unidas, que el presidente de Estados Unidos es Satanás, sin que alguien piense que por ello peligra el futuro de la ONU.

Obviamente, más allá del deseo de que las cumbres iberoamericanas subsistan, es momento de plantearse si los ciudadanos de los 22 países que las constituyen son conscientes de lo que ellas representan y de su productividad y justificación.

Como quiera que la frase del rey ha colocado las cumbres iberoamericanas en primer plano después de muchos años de presencia gris y ninguneada, cuando no criticada, quizás sea hora de hacer de la necesidad virtud y replantear el formato, los contenidos y los resultados de las cumbres, así como su difusión para hacer de ellas una institución verdaderamente robusta y cuya trascendencia sea percibida por los ciudadanos. Así podría evitarse que una frase de cinco palabras ponga en duda hasta su propia supervivencia.

En cualquier caso, la Segib ya prepara la próxima Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar en El Salvador en octubre del 2008. Se espera que para entonces la famosa frase del rey sea solo historia.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook