Por Pedro Ortiz Bisso
Al vóley peruano lo mató la improvisación y la caída del muro de Berlín. Cuando la guerra fría se deshizo y los rusos dejaron de ser los malos en las películas de espías, se acabaron las giras por los países socialistas que tanto ayudaban para que Cecilia Tait afinase el poderío de su zurda y la 'China' García conociese variantes para sus levantadas. Perú llegó al podio olímpico en Seúl 88 y el muro se vino abajo un año después. Luego las alegrías se hicieron esporádicas y el prestigio que supieron darle a este deporte Lucha Fuentes, Gina Torrealba o Natalia Málaga fue perdiendo lustre hasta alcanzar su máxima oscuridad el último lunes, con la dolorosa derrota ante Venezuela.
Sin embargo, lo mejor que le pudo pasar a Perú fue haber perdido esta clasificación olímpica. Un triunfo no hubiera puesto sobre el tapete las flaquezas organizativas que abaten este deporte desde hace años, tampoco la desatención que existe por los torneos locales y las divisiones menores. Y quizás habría disimulado los justos reclamos de Luren Baylón, cuya integridad física estuvo en peligro a causa de una hernia no detectada a tiempo, gentileza de las mentes brillantes que manejan los destinos del deporte más querido del país.
El mal momento del vóley es la genuina expresión de lo que ocurre con el deporte peruano. Los triunfos esporádicos que alumbran con tibieza las páginas de las secciones deportivas son fruto del esfuerzo individual, sostenido en el apoyo incondicional de familiares generosos. La planificación no existe y eso se debe no solo a la dejadez estatal, sino también a la escasez de ideas de quienes tienen a cargo el manejo del deporte en el país.
¿Se sabe, acaso, si el Instituto Peruano del Deporte (IPD) cuenta con un plan de trabajo o tiene alguno en elaboración? Y si lo tuviera, ¿es posible realizar una labor orgánica, planificada, cuando la ley del deporte manda que cada federación sea elegida por sus bases y el jefe del IPD es nombrado a dedo, por el gobernante de turno? ¿Qué sana coordinación puede haber entre la dirigencia central y las federaciones en tales condiciones?
El lunes fue Venezuela, mañana sabe Dios quién puede ser. Los triunfos deportivos no se obtienen por generación espontánea. Son fruto del trabajo y la planificación.