En Lima ya se sabía de su arribo al Cusco, pero nadie la había visto. Ningún fotógrafo, tampoco, la había seguido. Así, entre dimes y diretes, la hija del presidente de Estados Unidos Jenna Bush llegó ayer a la Ciudad Imperial a las 6:20 a.m.
La heredera del mandatario estadounidense pisó suelo cusqueño en medio de estrictas medidas de seguridad y protegida por seis guardaespaldas.
Acompañada también por algunos amigos, Jenna Bush llegó al Perú para trabajar desde hoy con Unicef en algunos proyectos, los cuales, hasta el momento, se mantienen en las más estricta reserva. Sin embargo, no pudo dejar de visitar Machu Picchu.
Para tomar el tren que la conduciría hasta ese lugar, Bush se dirigió --en una comitiva formada por cuatro camionetas-- rumbo a Ollantaytambo. En Aguas Calientes subió hasta las ruinas y después de alojarse en el hotel Sanctuary Lodge ingresó a la ciudadela. Allí permaneció casi dos horas.
Los hombres de prensa que la siguieron fueron burlados por la seguridad, de tal modo que la joven recorrió Machu Picchu solo con una amiga.
Antes de regresar al Cusco, Bush brindó un minuto a los periodistas que la esperaban fuera del hotel. Dijo que la ciudadela le había encantado y que volvería. "Es una belleza", señaló.