Por: Juan Paredes Castro |
El deseo de Keiko Fujimori, sin duda legítimo, de fundar un nuevo partido, que se llamaría Fuerza 2011 y que serviría a la causa de "reivindicación" de su padre, puede prestarse a la anécdota y a la chacota, pero en el fondo revela la tragedia de nuestro sistema político.
¿En qué consiste esta tragedia? En que la puesta en funcionamiento de un partido político se basa fundamentalmente en la recolección de un número determinado de firmas, que podría llegar al millón, y nada más. Esa es su gran columna vertebral.
Quien o quienes llenen este requisito ya no tendrán mayor dificultad en completar los otros porque todo será luego tan fácil como lo dispone la ley, hecha por legisladores que jamás van a desear ser severos con los partidos políticos, de los que son parte y jueces.
La ley hace demasiado fácil el nacimiento y la vida de un partido político como demasiado fácil también sus candidaturas y representaciones. ¿Cuántos de ellos demuestran bases y locales a nivel nacional y, lo que es muy importante, su financiamiento claro como el agua?
Es más: no suelen celebrar elecciones internas libres y democráticas, probadamente competitivas, como vemos en estos días en las primarias de Estados Unidos, para citar un ejemplo.
Todavía tenemos partidos políticos que vienen de pasar de mano en mano y de uso en uso como Unión por el Perú (UPP). Recuérdese que le fue prestado a Ollanta Humala para su postulación presidencial ya que este no había concluido la tramitación del suyo. Hay otros que en cada elección reaparecen como un buen negocio para sus patrocinadores a través de la venta de candidaturas presidenciales y parlamentarias. ¡Qué horror!
Así, pues, por respeto a los partidos políticos que se han esforzado por ser y parecer y a los nuevos que quisieran romper la vieja tradición de mediocridad que los ha precedido, el Jurado Nacional de Elecciones tiene que hacer algo para que cualquiera con un millón de firmas bajo el brazo no se convierta en dueño absoluto de una inmensa delegación de poder obtenida de las urnas como se saca un conejo del sombrero.
Keiko Sofía aparte, el JNE, el Congreso y la clase política decente del país no pueden seguir permitiendo la tragedia nacional de ver brotar todo el tiempo partidos y movimientos como hongos.
El hecho de que se trate de una tragedia que en parte se nutre de la realidad cultural y clientelista de nuestra propia sociedad tampoco debe hacer que nos crucemos de brazos tan confiadamente.