Por Eduardo Morón. Economista *
Hasta hace unos meses, el BCR estaba pasando piola. A pesar de las enormes subidas de precios en alimentos y petróleo, la inflación local no se había disparado, solo había empezado a salirse de la banda. Y más importante que esto era que las expectativas de inflación de los principales actores del mercado seguían en línea con el compromiso meta del banco. Es decir, alrededor del 2%. Hoy eso ya no es así.
La idea de ese sistema es servir de guía a las expectativas inflacionarias. Si el BCR tiene la confianza de la gente, entonces el compromiso es creíble y nadie se inquieta frente a movimientos temporales en los precios de algunos productos. Es decir, si a mí me corresponde fijar un precio, no tengo por qué dudar de que el ritmo al cual van a crecer los precios de la economía es aquel al cual el BCR se ha comprometido. Los compromisos son palabras y la confianza en la palabra se gana cumpliendo esta. Y ese es el aprieto principal que hoy tiene el banco. Por una imprudencia --y contra el consejo de todos-- decidió reducir la meta a 2% cuando nadie se lo estaba pidiendo.
La decisión fue errónea, pues se basó en mirar la bajísima inflación de los vecinos y socios comerciales que estaban disfrutando de un período de enorme facilidad. Todos los bancos centrales en el mundo disfrutaron de una desinflación mundial que China e India exportaron en medio de su integración a la economía global. Hoy China e India empiezan a tener inflaciones más altas y, por lo tanto, ya no exportan presiones deflacionarias sino más bien inflacionarias.
Para complicarle la vida al BCR, la Reserva Federal está mucho más preocupada en evitar que la recesión --que ya empezó en EE.UU.-- sea muy prolongada, como suelen ser aquellas donde buena parte del mercado crediticio está en apuros. Y, por lo tanto, a pesar de que hoy EE.UU. tiene una inflación que es incluso mayor que la peruana, la FED prefiere centrar su mirada en la recesión que podría agudizarse en los próximos meses. Esto hará que la FED siga reduciendo su tasa de interés y que el diferencial de tasas entre activos en soles y en dólares se siga ampliando. Podríamos cerrar el año con una tasa de la FED debajo de 2% y con una del BCR por encima de 6% a pesar de que dicha subida hará poco por frenar la inflación que viene de afuera. Es decir, nos espera un huaico de dólares en nuestra economía.
No sé si todos los que lean esta columna se dan cuenta del negocio que el BCR está permitiendo. Si yo desde afuera me presto dólares a 2%, los traigo al Perú, el BCR me los compra a S/.2.90, compro un papel del BCR que me da 5%-6%, no hago nada y luego vendo el papel, con el principal más los intereses compro dólares (cuyo precio, sin duda, será menor que S/.2.90 gracias al predecible actuar del BCR) y habré hecho plata con dos llamadas telefónicas y sin sudar ni una gota.
Si el BCR sigue tercamente su política, pronto tendremos días en que comprará más de mil millones de dólares al día. La inflación local seguirá siendo determinada por los eventos externos y el ejercicio de tener política monetaria parecerá cada vez más solo un ejercicio. El BCR necesita recuperar su credibilidad, su directorio debe salir a explicar qué es lo que está pasando, por qué están tomando estas decisiones y por qué la gente no debería angustiarse un tiempo largo con algo más de inflación que la que ellos mismos se habían comprometido a mantener. Mientras tanto, deberían preocuparse por dos cosas: (1) aumentar la demanda por el dólar, y (2) hacer que esos especuladores por lo menos suden la gota gorda haciendo mucho más riesgoso el hecho de ganar especulando.