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UN DOLOR DE CABEZA PARA LOS PADRES DE FAMILIA

Regreso a las aulas

Editorial . "El Tiempo" de Colombia GDA

Un indignado padre de familia escribe a este diario: "Acabo de comprar los libros y artículos escolares de acuerdo con el listado de cinco hojas requerido por el colegio de mi hijo, que ingresa a segundo de primaria. Pagué 513 dólares y me faltan aún algunos libros y los uniformes. ¿Qué hace el Ministerio de Educación para controlar este abuso?".

Tal vez por influencia de la literatura romántica, y principalmente del inolvidable "Corazón", de Edmundo de Amicis, la imaginación colectiva pinta con tintes rosados, risas infantiles y caras risueñas el regreso a clases. Esa idea contrasta con cartas como la que transcribimos arriba o con noticias como la que llega de Monterrey (México), según la cual un niño de 10 años utilizó un pegamento para aferrarse a su cama y evitar que lo llevaran de nuevo al colegio. La verdad es que ambas imágenes coinciden: la feliz reanudación de actividades escolares y los gastos crecientes que exige el comienzo del año escolar. Un millón de pesos (US$515 dólares) en textos para un niño de segundo de primaria parece, ciertamente, un abuso. Y si a esta suma se añaden gastos de matrículas, uniformes, zapatos, transportes, no es improbable que un hogar de tres hijos acabe desembolsando en enero cerca de 5 millones de pesos (US$2.570)en la operación de retorno a las aulas.

Podríamos consolarnos pensando que algo semejante ocurre en muchos países. Que en Venezuela miles de ciudadanos piden que el Gobierno no regale dinero, sino que intervenga en el mercado de textos; y que incluso en la próspera ciudad de Chicago se denuncia que 9.000 niños no tienen cómo adquirir los enseres de pupitre. Pero la realidad es que, pese a las promesas de control y a las protestas de los hogares, la vuelta a clases es un negocio cada vez más jugoso. Los padres de escolares colombianos desembolsan anualmente billones de pesos para llenar los requisitos de útiles y textos que disponen los institutos educativos. Lejos de abaratarse, la lista se encarece por la inflación y por el ingreso de aparatos electrónicos a las exigencias.

Uno de los 'descubrimientos' que más pesan en la maleta escolar es el de los libros en cuyas páginas el alumno debe responder cuestionarios. Esto significa que los textos no pueden reciclarse y que libro usado es libro perdido. Tampoco ayuda a la economía casera que se obligue a realizar las compras en almacenes específicos o que los implementos deban corresponder a determinadas marcas, por lo general las más costosas.

Supermercados y librerías de textos están de plácemes, pues sus ganancias son astronómicas. Pero cada peso saldrá de los exhaustos bolsillos de unas familias que ya acusan el castigo de las compras decembrinas y las vacaciones. Las autoridades educativas deberían hacer un esfuerzo especial para controlar abusos, como pide la carta del ciudadano que encabeza esta nota. De hecho, en cada una de las oficinas de inspección y vigilancia de las secretarías de educación puede poner su queja.

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