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Rincón del autor

Paranoia macroeconómica

La cena en Palacio ofrecida por el presidente García a la cúpula del PPC sugiere algo que ya el propio García planteó hace unos años: una concertación Apra-PPC

Por Jaime de Althaus Guarderas

Antes de que la preocupación por el 2011 se desvanezca en algunos sectores, y cuando la inversión pública en el interior empieza recién a andar, aparecen las voces que señalan que es necesario aplicarle frenos porque habría signos de recalentamiento en la economía. Va a ser difícil decirle a los ministerios y gobiernos regionales que aguanten en el momento en que, por fin, están aprendiendo y arrancando a ejecutar proyectos. Por lo demás, la inversión total, si bien está subiendo, no llega todavía al 23% del PBI, cuando deberíamos estar varios puntos por encima de eso y ya en los 90 llegamos casi a un 25%. Y este es el momento para atacar la pobreza e integrar el país. Eso no se puede detener.

En realidad, no se entiende cómo podamos estar recalentando si tenemos un superávit fiscal cercano al 3% del PBI. Es obvio que la miniinflación que sufrimos es importada y el BCR esteriliza los soles que emite para comprar dólares. Y el temor de que pasemos a un déficit en la balanza comercial y empecemos a perder reservas, es francamente paranoico: tenemos enorme cantidad de reservas y un superávit de la balanza comercial cercano al 8% del PBI, por más que este se haya reducido en algo más de un punto en relación con el año anterior. De lo que se trata, en todo caso, es de facilitar las exportaciones concesionando e invirtiendo más en infraestructura y haciendo lo posible para que el sol no se aprecie demasiado. Y poner a todo el país a pensar --ahora que tenemos TLC con EE.UU.-- qué podemos exportar.

El 2011 el país entero --incluida la sierra-- debe estar embarcado en esa dinámica para que no haya amenaza de involución política. Hay que saber a dónde vamos.

Si el 2011 gana un candidato que continúe las políticas, será el quinto en mantener la continuidad del modelo. Eso sería un logro histórico, que nos pondría al borde del salto al desarrollo definitivo y nos afianzaría como un país serio. Por supuesto, se requiere que el candidato sea bueno, y esa es la pregunta.

Algunos gestos hacen pensar en los movimientos que podría haber. La cena en Palacio ofrecida hace un par de semanas por el presidente García a la cúpula del PPC sugiere algo que ya el propio García planteó hace unos años: una concertación Apra-PPC o Apra-Unidad Nacional, un poco al estilo de la concertación chilena, que unió al partido socialista y a la democracia cristiana, entre otras fuerzas, frente a la derecha (aquí sería frente al nacionalismo involutivo). En verdad, Apra y PPC son los únicos partidos políticos propiamente dichos.

Aun si no hubiese alianza, no cabe duda de que García preferiría ser sucedido, digamos, por Lourdes Flores o Luis Castañeda --o por Keiko Fujimori-- que por alguien de su propio partido. Pero quien fuere, tiene que ser bueno como candidato.

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