Por Gladys Triveño
El individualismo, ocasionado por el temor a ser engañado, ha privado durante mucho tiempo a los empresarios de la posibilidad de tomar decisiones eficientes y de crear prosperidad. Los empresarios preferían operar en pequeña escala y en el mercado interno en lugar de asociarse para vender más e incluso exportar.
Hoy, algo está cambiando. El trabajo asociado entre grandes y pequeños o entre empresas del mismo tamaño está dando frutos. Se ha neutralizado el problema de la fragmentación de la tierra, las pymes han aprendido a trabajar bajo estándares internacionales y se está impulsando la reconversión hacia cultivos que generen más riqueza.
Lo mismo parece suceder el ámbito de los gobiernos locales: la Ley de la Mancomunidad Municipal 29029 ha abierto la puerta para que los municipios se unan y promuevan estrategias comunes de desarrollo. Aun cuando está pendiente que el Gobierno dicte el reglamento de esa ley, ya hay varias mancomunidades aguardando que algún día el Gobierno finalmente decida promulgarlo. Esperamos que sea pronto.