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LETRA VIVA

Novela del amor y de la revolución

Por Ricardo González Vigil

El primer libro de Bertha D. Martínez Castilla fue "Más allá de la ventana" (2003), una obra de evocaciones de su infancia en Santa Rosa de Ocopa con tal calidad narrativa que Víctor Coral (ahora que sabemos que no hay límites precisos entre la realidad y la ficción, entre las memorias y las novelas) la juzgó "la mayor revelación novelística del año". En esa línea, el gran novelista y cuentista Edgardo Rivera Martínez, en el prólogo al segundo libro de Martínez Castilla, el que motiva este comentario, refiriéndose a "Más allá de la ventana" sostiene que "muy bien pudo haberse presentado como novela de carácter autobiográfico" (p. 9)

Ese potencial novelístico se ha hecho patente, liberada la imaginación de Martínez Castilla en "El despertar de las sombras", una novela en todo el sentido de la palabra. A nuestro juicio, toda una revelación narrativa, por varios motivos: la fina textura de su prosa y la expresividad de sus recursos narrativos, la matización psicológica de sus variados personajes y el manejo del suspenso, el retrato que ofrece del mestizaje cultural plasmado en el valle del Mantaro (celebrado por el mismísimo José María Arguedas) y la visión crítica del orden existente que genera el 'despertar' guerrillero.

Atinadamente consigna la contracarátula: "una graduada alternancia de capítulos de especial halo poético y otros de un realismo signado incluso por el humor, que en nada se opone al delicado lirismo predominante.

Hay que destacar las diversas interpretaciones que suscitan las "sombras" según la idiosincrasia y la postura ideológica de los personajes que monologan o participan en los diálogos del contrapunto novelístico tejido por Martínez Castilla.

Sabe elegir puntos de vista que impregnan de vibraciones hondas, además de suspenso, los hechos narrados; por ejemplo, es una joven la que cuenta, sin poder ocultar su turbación, la visita de "Javier Heró, ese estudiante que no sé cómo se hizo amigo del Abel y me he quedado asombrada" (p. 104), así como es un médico el que barrunta que Iluminato debe estar enamorado. Un acierto mayor es relacionar con el Día de los Difuntos (con su sincretismo cristiano-andino) el regreso de los desaparecidos y el comienzo de la subversión.

Nacida en Paita, Martínez Castilla pasó su infancia en el pueblo de Santa Rosa de Ocopa y en su adolescencia estuvo en la ciudad de Jauja. Ahí la conoció el escritor Edgardo Rivera Martínez; se volverían a ver en 1993, y contraerían luego matrimonio. Cada uno con su propia personalidad creadora, forman una pareja dotada para recrear el mestizaje cultural de la sierra central (Rivera Martínez, además, ofrece en otras ficciones el paisaje de una Lima fantasmal y misteriosa).

ARGUMENTO
Varios días que el fraile Iluminato no regresa al convento de Ocopa. De un lado, hay indicios de que lo atraía la bella María de los Ángeles, un amor vinculado a la simbología de la mandrágora, ¿brujería?, ¿la "sombra encantadora" de la ilusión amorosa, como dice la p. 85? De otro lado, hace ya cierto tiempo que han desaparecido numerosos jóvenes del lugar y muchos han comenzado a ver 'sombras' extrañas, lo cual ha inflamado la curiosidad y el temor de la población ante un posible brote subversivo (en un capítulo visita la zona Javier Heraud decidido a protagonizar la guerrilla de 1963); y es que Iluminato se caracterizaba por ser sensible a las necesidades del pueblo.

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