Desde su irrupción en la escena política, el fujimorismo ha echado mano de varias denominaciones. Una confusa estrategia coyuntural que ahora se repite con Fuerza 2011
Por Renato Cisneros
Keiko Sofía Fujimori ha salido de una situación embarazosa solo para meterse a otra. Hace apenas dos meses se inauguró en los trajines de la maternidad con su hija Kiara, y ahora está a punto de dar nuevamente a luz. Esta vez será un alumbramiento político y, aunque la criatura aún está en proceso de gestación, Keiko no tiene dudas respecto del nombre compuesto que llevará. Se llamará Fuerza, Fuerza 2011.
Estamos hablando, por supuesto, del nuevo partido que el fujimorismo está a punto de presentar en sociedad, y que busca agrupar a nuevos y viejos aliados para consolidar una fórmula electoral que llegue bien parada a las próximas elecciones presidenciales. Y decíamos que se trataba de una circunstancia embarazosa, porque la noticia ha generado ciertas contrariedades en las propias filas fujimoristas.
Aunque respeta la iniciativa de Keiko, el congresista Renzo Reggiardo --dirigente de Cambio 90 y una de las voces jóvenes con mayor protagonismo en el actual quehacer parlamentario-- se sorprendió con el anuncio, pues se enteró del mismo solo horas antes de que se hiciese público.
Él también discutió que se apele a un nuevo rótulo cuando lo que le han venido sobrando al fujimorismo en los últimos años han sido, precisamente, denominaciones. "Hubiera sido lo más consecuente y sano participar con los partidos que son parte del movimiento", comentó.
La otra voz discrepante fue la de Belisario de las Casas, dirigente de Sí Cumple, quien señaló que, pese a que acatará las órdenes de Fujimori, no encuentra razones suficientes para buscar una nueva inscripción. "Me extraña un poco; tal vez quieren sangre nueva en el partido", dijo algo aturdido la semana pasada.
UN TRACTOR MULTIUSOS
Una rápida revisión genealógica de los distintos grupos fujimoristas que se han formado desde 1990 hasta hoy --ya sea como partidos, movimiento o alianzas-- arroja un variado saldo de nombres o etiquetas. Ese exceso, en sí mismo, puede parecer confuso, pero no tiene nada de malo. Lo que sí resulta peculiar es que la mayoría de esas agrupaciones ha nacido con más pretextos electorales que ideológicos, un rasgo que no es ilegal, pero democráticamente luce facilista.
El partido fundador que colocó a Fujimori en la presidencia fue Cambio 90, que fue creado un año antes, que contó con la adhesión de independientes, pequeños empresarios y evangelistas, y cuyos dirigentes más identificados son, hasta hoy, Luz Salgado y Andrés Reggiardo.
Luego, el 92, después del golpe del 5 de abril, nació Nueva Mayoría, el partido que aupó parlamentariamente, entre otros, a Martha Chávez y Joy Way.
En 1997, de cara a las municipales del 98, nace Vamos Vecino, la plataforma social y masiva de Absalón Vásquez y de figurines tan opacos como Rolando Reátegui o Ricardo Chiroque.
Antes de los comicios generales del 2000 aparece el movimiento Frente Nacional Independiente Perú 2000 (luego rebautizado como Perú 2000), cuya primera cabeza visible fue el inefable Daniel Chuan y que se hizo tristemente célebre por la maquinaria de firmas falsas que El Comercio denunció.
Un partido subsidiario del fujimorismo y que se estrenó para las elecciones del 2001 fue Solución Popular, que tuvo en Carlos Boloña a su delfín de combate y en el 'Gordo' Alfredo González --siguiendo con la analogía marina-- a su ballena de circo.
El 2005, pensando en el 2006, el turno fue para Sí Cumple, el 'revival' de Vamos Vecino, que postuló a Fujimori a la presidencia y que tuvo en el quimboso Luis Delgado Aparicio, 'Saravá', a su vocero más entusiasta.
También el 2005 apareció otro grupo de neta inspiración fujimorista. Se llamó Con Fuerza Perú y una de sus madrinas fue María Jesús Espinoza, antigua militante de Nueva Mayoría.
Finalmente, el 2006, los fujimoristas se matricularon en las elecciones con Alianza para el Futuro, que combinaba líderes antiguos con caudillos amateurs, entre ellos, Carlos Raffo el más ruidoso de todos. Es más, no son pocos los que creen que este novísimo Fuerza 2011 es, en realidad, el sueño del partido propio que Raffo venía acunando en brazos desde hacía rato.
En enero del 2006, el respetado analista Fernando Rospigliosi señalaba lo siguiente sobre esta proliferación de nombres que tanto parece entretener a los seguidores del 'Chino': "Un verdadero récord: siete movimientos en tres lustros. Todos son simples rótulos electorales, sin ideología, programa, organización ni bases. Todos desaparecerán con Alberto Fujimori".
QUIÉNES ESTÁN, QUIÉNES NO.
Uno de los ex fujimoristas más lúcidos y críticos es, sin duda, el abogado Fernán Altuve. Ex invitado de Vamos Vecino y ex parlamentario, Altuve cree que Fuerza 2011 carece de toda representatividad. "Antes los movimientos eran expresión de un sector social que estaba adherido al Gobierno. Cambio 90 representaba al primer núcleo histórico que llegó al poder; Nueva Mayoría representaba a los tecnócratas que hicieron la reforma económica y política del 92; y Vamos Vecino a las bases y organizaciones municipalistas que existían en torno de Fujimori. Este movimiento (Fuerza 2011) representa al círculo que se ha formado a raíz de la llegada de Fujimori a Chile. Es el círculo del fracaso de la extradición, el del fracaso de la candidatura al Senado Japonés, y es el círculo que está, tal vez, no lo sé, fracasando en la actual defensa de Fujimori. Entonces, no es Fuerza 2011, sino Fracaso 2011".
A diferencia de Altuve, Luz Salgado Rubianes, histórica voz cantante de Cambio 90, sí confía en el nuevo proyecto de Keiko.
"El objetivo principal de este nuevo movimiento es reforzar al fujimorismo, oxigenarlo, y por eso se convocan a las bases. Unidos vamos a lograr presentarnos como una nueva opción para el 2011; en cambio, desunidos somos un blanco más fácil para nuestros adversarios políticos".
Martha Chávez está fuera del país, pero ha sido invitada a participar. Carmen Lozada ha intervenido en la recolección de firmas. Y la doctora Martha Hildebrandt también participará de este nuevo movimiento.
De otros ex fujimoristas, como Jaime Yoshiyama o Ricardo Marcenaro, no se ha podido oír una versión. En todo caso este fujimorismo recargado parece seguir los descuidados patrones del pasado. Es casi el mismo grupo con algo de maquillaje, y aunque ha cambiado de nombre no ha variado su identidad.
DEL CONSULTOR
ÁLVARO ROJAS SAMANEZ. Analista político
¡Quien lo hereda...!
Alberto Fujimori convirtió la política partidaria en un juego de nombres y organizaciones ad hoc, con saldo favorable el año 1990 y el 95. Inclusive en el año 2000.
Keiko, su heredera --de algo más que genes y apellido--, ha anunciado su intención de hacer lo mismo con miras al 2011, revelando algo más que la tendencia a ser parte de una "dinastía" .
¿Cuál es la razón de este empeño por escapar a la organización y al trabajo? ¿Por qué este reiterado intento de configurar una representación partidaria nacida de una cúpula que busca seguir disfrutando del poder? ¿Por qué algunos sectores piensan que no se debe respetar trayectorias y que es fácil sustituir estructuras por un apellido y un supuesto designio?
Hay en los peruanos excesiva politización y escasa participación partidaria. Es más fácil "armar" una lista que hacer un trabajo con bases y apego a normas, estatutos, compromisos. Segundo: hay tendencia a "distinguirse" entre los militantes para convertirse en "iluminado" que resuelve coyunturas y atrae todo, principalmente votos y plata. Existe, además, una entronización casi mágica del famoso carisma, es decir la capacidad de convocatoria, condimentada con una experiencia exitosa en algún rubro ligado a lo popular. Se confiere gran valor a lo que fue: siempre hay algún "ex" rondando una posición, una tribuna, o cualquier zona pública. ¡Mejor si se trata de un ex presidente!
Esos datos confirman una gran debilidad nacional: la insuficiencia para esperar respuestas nacidas del trabajo político sobre la base de la trayectoria, desde la base hasta la cúspide. Es decir, méritos, no acomodos. Lo que esta vez buscan los fujimoristas, al repetir viejos hábitos, pone en evidencia que persiste la fractura y la debilidad institucional. Especialmente, en lo partidario. ¡Como se ve, nada nuevo!