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Rincón del autor

Alan, el ajedrecista del patio de letras

El Perú es curiosamente tierra de ajedrecistas. El caos mental que nos caracteriza tiene como tierra liberada aquella del orden y el rigor mental del ajedrez

Por Abelardo Sánchez León

El gran maestro internacional Emilio Córdova, de tan solo 16 años de edad, ha declarado que Alan García prefiere recibir en Palacio de Gobierno a los futbolistas de la Sub 17 antes que a los ajedrecistas vencedores en importantes torneos en el extranjero. A él, en todo caso, no lo ha felicitado. Raro. Me parece raro. Yo recuerdo a Alan García en el patio de letras de la Plaza Francia, a mediados de los sesenta, jugando ensimismado el ajedrez (espero que no haya sido damas) con los poquísimos apristas que estudiaban en la universidad. En cambio, nunca lo he visto jugar fútbol, ni siquiera una pichanguita al mediodía o dando un play de honor.

En aquellos tiempos la disputa política era entre la Democracia Cristiana y una nueva izquierda, llamada el FRES. Eran tiempos muy politizados, pero el nombre, la figura, la presencia pública de Alan se reducía al ajedrez. No había muchos apristas. Quizá el chino Tengan, Memo de la Flor o el cholo Guglievan, por ejemplo. Alan tenía una boina negra y se dedicaba con esmero a descubrir los secretos del deporte ciencia.

Entre los líderes de aquellas épocas recuerdo a Javier Diez Canseco, Diego García-Sayán, Carlos Blancas, José María Salcedo y Manuel Benza, enfrascados en una lucha desaforada por el Centro Federado de Estudiantes. Alan, nada. Alan jugaba el ajedrez en uno de los rincones del Patio de Letras, mientras Mirko Lauer publicaba sus versos iniciales en una de las vitrinas. De lo que no nos dábamos cuenta era de que Alan, al inicio de la noche, se marchaba, caminando, hacia la Casa del Pueblo ubicada en Alfonso Ugarte, y allí sentía que una multitud potencial podría votar por él en un futuro diferente. La Democracia Cristiana se diluiría entre los llamados cuatro gatos y el FRES desaparecía con la cadencia de un riachuelo, igual como había aparecido en las aulas prefabricadas del fundo Pando.

A pesar de la descuidada educación secundaria que nos caracteriza, sin mucha filosofía, con poca poesía y unas matemáticas pésimamente mal enseñadas, el Perú es, curiosamente, tierra de ajedrecistas. El caos mental que nos caracteriza tiene como tierra liberada aquella del orden y el rigor mental del ajedrez. Varias municipalidades lo fomentan en los espacios públicos. Julio Granda, solo, sin mucho empuje económico (recibió el generoso apoyo de Felipe Ortiz de Zevallos) ha llegado bien lejos y Emilio Córdova solo desea darse un apretón de manos con Alan, después de su viaje a España, para darle un empujoncito al deporte de la mente. Podrían jugar una partida amistosa, por ejemplo, recordando los viejos tiempos, aquellos de la boina, del ajedrez y de sus pocos, pero desinteresados amigos.

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