Por Fernando Cillóniz B. Inform@cción
La economía peruana está creciendo a buen ritmo y todos --excepto los quejosos -- estamos encantados de ello. No obstante, nuestro crecimiento tiene un gran pero: el pero del crecimiento desarticulado.
Así como el cuerpo de un niño debe crecer de manera armónica e integral hasta convertirse en un adulto sano e inteligente, la economía de un país también debe crecer de manera armónica e integral.
En ese sentido, no es armónico ni integral el crecimiento de un país que produce y exporta cada vez más, pero que no es acompañado de mejor infraestructura vial, mejores puertos y mejor educación. Y eso es precisamente lo que está pasando; aunque el Gobierno diga lo contrario.
Vayamos al grano. La Carretera Central ha colapsado. ¡Cómo es posible que una carretera tan importante para el desarrollo del país, esté tan congestionada y descuidada! Interminables colas de camiones y buses que van a paso de tortuga. Policías agazapados que extorsionan a cuanto conductor circula por allí. Bloqueos frecuentes por huaicos, huelgas, accidentes, asaltos... ¡No hay derecho!
Pero ahí no queda la cosa. La carretera Panamericana hace tiempo que dejó de ser una carretera propiamente dicha. En vez de evitar las zonas urbanas --como ocurre en todo el mundo-- nuestra carretera pasa por el mero centro de los pueblos que hay a lo largo de su recorrido, donde las bermas laterales han sido totalmente ocupadas por viviendas precarias, paraderos de buses, quioscos, talleres, tiendas, niñitos juguetones y demás. Todo a vista y paciencia de la policía y de las autoridades regionales y locales.
Y así por el estilo. Este Gobierno, que nos ha sorprendido muy favorablemente con su mensaje coherente y pragmático en torno a los deberes y derechos, y el valor de los recursos nacionales, es en realidad --por lo menos, hasta ahora-- regular, y tirando para malo, en materia de obras públicas. Me refiero al Gobierno Central y a los gobiernos regionales y locales. Todos son igual de quedados en el tema de la infraestructura.
A este respecto, habría que aprender de los chinos, que primero invierten en carreteras, hidroeléctricas, puertos, represas, etc., para que después venga el desarrollo productivo privado. Nosotros, en cambio, la hacemos al revés. Tan al revés, que por ahí se dice que el SNIP ha llegado al absurdo de exigir primero un tráfico mínimo de vehículos para autorizar la construcción de una carretera. ¡Menudo problema! No se autoriza la construcción de la carretera porque no hay tráfico. Pero no hay tráfico porque no hay carretera. Ay, SNIP.
Educación e infraestructura. El énfasis del presupuesto público en el 2008 debería estar en dichos dos sectores. Me parece excelente la iniciativa del nuevo magisterio que ha anunciado el Gobierno para captar a los mejores alumnos de secundaria para la carrera docente. Pero en infraestructura --aparte de las IIRSA Norte y Sur-- no se oye, padre.
Carreteras. Ferrovías. Puertos y aeropuertos. Generadoras y redes de transmisión de energía. Gasoductos. Transvases y obras de agua y saneamiento. No hay vuelta que darle al asunto. La única manera de sostener el crecimiento de la producción y el comercio en el país, es con más y mejor infraestructura.
Afortunadamente, el Gobierno tiene el dinero para ello. Inclusive, si no lo tuviera, o si prefiriese gastar más en educación, el sector privado también tiene el dinero para las obras de infraestructura. Lo que se necesita es que el Gobierno otorgue dichas obras en concesión, para que el sector privado las construya y las administre. Es cuestión de meterle punche al asunto.