Por Martha Hildebrandt
HABLAR POR LA BRAGUETA. En épocas pasadas, la procesión del Corpus Christi solía acompañarse de gigantes que medían unos tres metros; la boca del hombre que sostenía la parte superior del cuerpo del muñeco quedaba a la altura de la bragueta de su pantalón. Hablar por la bragueta se entendía -y se entiende todavía en el Perú y en otros países de América- como 'hablar sin ton ni son', 'hablar irresponsablemente de lo que no se conoce'.