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El modelo de Hugo Chávez es él mismo

Por: Juan Paredes Castro |

Pedirle a Hugo Chávez demostrar el éxito de su modelo político y económico, como lo ha hecho Alan García, es mucho más que pedirle peras al olmo.

Como el modelo político y económico de Chávez no está en función de su país, Venezuela, ni de sus conciudadanos, los venezolanos, ni de sus vecinos de región, los latinoamericanos, a los que pretende embaucar, sino de su proyecto personal de duración y prolongación en el poder, estamos ante un modelo absolutamente condenado al fracaso.

Hasta sería harto pretencioso imaginar que Chávez pudiera impulsar un determinado modelo con pies y cabeza.

En todo caso se trata del típico modelo dictatorial del cuarto mundo, con una maldición adicional: la de nadar en petróleo, sin saber qué hacer con él frente a una pobreza creciente, a una educación de la peor clase, a una cada vez más honda privación de las libertades y a una pérdida total de sentido de futuro para su población.

Cualquier venezolano desamparado seguramente se pregunta al despertar cada día por qué no podría tener mejor suerte con el precio del petróleo a más de 100 dólares el barril. Lamentablemente lo que este venezolano desamparado ve es un gobierno populista y ostentoso que se pudre en dinero sin un proyecto de vida para su gente. Y encima: con un gobernante ególatra al que es difícil callar sin consecuencias graves, como la de ponerse en su insoportable verbo.

Con la excepción del boliviano Evo Morales y por momentos del ecuatoriano Rafael Correa, ¿qué beneficios exportables podrían valorar los líderes y las naciones pobres y deprimidas del mundo en el modelo político y económico de Hugo Chávez? Si les regala petróleo, bien gracias. Y si les atormenta con sus discursos, mal gracias.

Chávez es una confirmación de que no basta nadar en petróleo para instaurar la intolerancia y la prepotencia en lugar de la inteligencia y los buenos modales. De la misma manera Corea del Norte es un ejemplo de que no basta jugar a la bombita atómica para procurarle pan y arroz a una población empobrecida y sojuzgada: la suya.

Chávez no tiene pues ni puede exhibir un modelo de desarrollo político, económico y social, porque sencillamente no lo tiene ni lo ha buscado. Llegó al poder para hacerse del poder y servirse del poder. Y nada más.

Muchos se alegrarán de las críticas de García como se alegraron del "¿por qué no te callas?" del rey de España, Juan Carlos. ¿Pero acaso no nos damos cuenta que sea cual fuere el ridículo al que llevemos al mandatario venezolano, este siempre terminará distrayendo y envileciendo el precioso tiempo de los latinoamericanos e iberoamericanos, para decirlo también?

Quizás la excepcional condición de su naturaleza nos invita más bien a ignorarlo.

¿Por qué no hacer la prueba? ¡A todos podría irnos mejor!

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