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¿ES VENTAJOSO EL RÉGIMEN PARLAMENTARIO?

Un modo diferente de vivir la democracia

La proliferación de partidos políticos, lo único que hace es atomizar las opciones electorales

Por Raúl Ferrero C. Jurista

En el Perú, el período presidencial y congresal se acortó de seis a cinco años con la Constitución de 1979, ya que era usual que el presidente llegara al último año francamente desgastado. En otros países, como en Chile, el mandato máximo se ha reducido inclusive a cuatro años y sin reelección inmediata (al igual que en nuestro caso).

En América Latina, se han generalizado los regímenes de corte presidencialista, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, y los mandatos oscilan entre cuatro y cinco años, sin reelección inmediata, salvo excepciones como Brasil y Colombia, que sí la han permitido por una sola vez para los casos de Lula y Uribe.

En los países con regímenes parlamentarios, usualmente las elecciones para elegir el Congreso y de cuya mayoría sale el jefe de Gobierno, son cada cuatro o cinco años, y en algunos casos, como en el de Inglaterra o España, se puede convocar a elecciones anticipadas cuando el jefe de Gobierno así lo decide (lo que equivale a destituir a todos los congresistas), ya sea porque le conviene o como respuesta a una exigencia popular, que reclama ser consultada para su nueva conformación.

El jefe de Estado, que está al margen del tráfago diario y por lo tanto más protegido del desgaste, es elegido independientemente o esa función le corresponde al rey, en los países donde subsiste la monarquía.

Es usual que en los regímenes parlamentarios, un jefe de Gobierno dure entre ocho y doce años, como recientemente ha ocurrido en España (Aznar, ocho y antes Gonzales, doce), o en Inglaterra (Blair, diez y Thatcher, doce).

Nosotros pensamos que el régimen parlamentario, como existe en casi toda Europa, tiene marcadas ventajas. Lleva a que se alcance mayor grado de estabilidad política, ya que la colaboración entre el Parlamento y el Ejecutivo se da de manera natural y ambos poderes buscan complementarse, evitándose el enfrentamiento cuando resulta innecesario.

Si bien consideramos que el sistema parlamentario es mejor, no dejamos de ser realistas y comprender que en el corto plazo no será fácil cambiar nuestro régimen presidencialista por uno parlamentario. Entretanto, por lo menos, debería considerarse la posibilidad de reducción del período presidencial a cuatro años.

Para que la participación popular sea frecuente es positivo que en nuestro país se tengan elecciones municipales y regionales regularmente, así como que los pedidos de revocatoria puedan presentarse después del primer año y antes del último, sin que se acepte postergarlos para después del segundo año como se está proponiendo sin suficiente sustento.

Lo óptimo sería que el sistema nos llevara a que se tengan dos o tres opciones políticas fuertes, que sepan aglutinar varias tendencias, de modo que el electorado los identifique con anticipación y se conozcan los planes de gobierno con tiempo. El bipartidismo o tripartidismo se da más fácilmente en los sistemas de elección uninominal o de mayorías, en que solo el ganador se lleva el cupo correspondiente al distrito electoral. El sistema proporcional, como el nuestro, tiende inevitablemente al fraccionamiento y a la multiplicidad de partidos políticos.

Se puede atenuar el sistema proporcional si se consolida la valla del 5% de los votos que deben alcanzar los grupos políticos que pretendan tener representación parlamentaria. En la última elección se fijó con acierto la valla del 4% y ha dado buenos resultados.

La proliferación de partidos políticos lo único que hace es atomizar las opciones electorales y confundir a la población. Al final, a los ciudadanos les es difícil distinguir entre las distintas propuestas que se les ofrecen.

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