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La otra burbuja, la política

Por: Juan Paredes Castro |

¿Cuánto deben y pueden hacer las decisiones políticas en medio de la dramática volatilidad de las bolsas en el mundo?

Existe la idea generalizada de que los países emergentes y todos aquellos que exhiben algún tipo de crecimiento económico sostenido, como el Perú, podrían salir bien librados del derrumbe de las plazas financieras.

"Dime qué musculatura tiene tu economía y te diré cuán débil o resistente eres a la crisis", parece ser la expresión fácil salida de la boca de un oráculo nervioso que tampoco se atreve a tener la última palabra.

Con todo esto, que podría ser verdad, no hay un lugar holgado para el optimismo.

Como nunca antes las reglas de juego están instaladas decisivamente en el mercado y en los impredecibles mecanismos de la globalización, antes que en la firma de decretos gubernamentales o en la aprobación de medidas legislativas de emergencia.

Sin embargo, en el caso de la economía peruana sería realmente irresponsable abrir espacios a la tranquilidad solo pensando en el mercado y en el crecimiento acumulado y olvidando las decisiones políticas que conviene adoptar urgentemente.

No entendemos, por ejemplo, cómo el Gobierno se empeña en exonerar de controles y trámites a las inversiones en el aparato empresarial del Estado, sin la contraparte de garantías de alta eficiencia en la gestión de las mismas. Así las cosas, seguramente desbloquearemos muchas inversiones pero al mismo tiempo las condenaremos al fracaso. Peor todavía si el Caballo de Troya de la política partidaria penetra en sus administraciones gerenciales, como parece anunciarse.

Lo que ha hecho y piensa hacer el Gobierno en infraestructura de carreteras, puertos y aeropuertos es sin duda importante. Pero es todavía poco, comparado con la demanda de decisiones y cambios y con la escasa voluntad política para romper con los círculos estructurales de corrupción en Transportes y Comunicaciones.

No hay señales de incorporación de sistemas modernos de gestión en la administración pública central, regional y municipal. Seguimos viendo moverse al dinosaurio del Estado en dirección del control del gasto más que en dirección del gasto eficiente y productivo. Como nunca, sobra dinero y falta gestión.

Es más: con todos los cambios de tuerca hechos por Luis Carranza en el manejo del presupuesto estatal, predominan los moldes arcaicos en el sistema de compras y ventas. No siempre vamos a tener que recurrir como alternativa a una nodriza de auxilio como el PNUD, como lo ha hecho el Ministerio del Interior para la adquisición de patrulleros.

Hemos descrito aquí una parte ínfima de la burbuja política local de indecisiones y vacilaciones que puede explotar sobre nuestra economía antes que la temida burbuja financiera mundial.

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