Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

HISTORIA DE UN ESCRITOR QUE ADOPTÓ TURÍN COMO PATRIA LITERARIA

Las ciudades de Ítalo Calvino

Por Ana María Gazzolo

Italo Calvino se refirió alguna vez a Liguria, la región de Italia donde había vivido hasta los 20 años, describiéndola como una tierra que entonces no tenía una "capital literaria bien definida" y cuya tradición literaria era fragmentaria, razón que hacía del literato lígur, rara avis para él, un ave migratoria, pero, sobre todo, alguien capaz de inventarse una tradición.

Cuando, después de la Segunda Guerra opta por una ciudad donde vivir y trabajar y deja el ambiente de naturaleza de San Remo, elige Turín, que pocos turineses de adopción podía exhibir en el campo de la literatura. Entre las consideraciones acerca de esta elección, plasmadas en un artículo titulado "Forastero en Turín", Calvino destacaba "el sentido seguro de participar en el vasto mundo que se mueve y no en la cerrada provincia, el placer de vivir temperado de ironía, la inteligencia clarificadora y racional". Fue, en fin, una imagen moral y civil la que le atrajo de Turín, allí actuaron los obreros revolucionarios y los intelectuales antifascistas que no se comprometieron con el régimen. Calvino veía a Turín como una ciudad entregada al trabajo, desprovista de efervescencias románticas, "una ciudad que invita al vigor, a la linealidad, al estilo, (.) que invita a la lógica, y a través de la lógica abre el camino a la locura", una definición esta última que pone en contacto conceptos opuestos, como ocurre con frecuencia en su obra.

En la ciudad del Po, Calvino vio decidirse su camino al cambiar el rumbo de sus estudios y graduarse con una tesis sobre Joseph Conrad, hecho que coincidió con sus colaboraciones con el semanario de Vittorini, Politecnico, y, sobre todo, con un trabajo al que estaría vinculado en los años sucesivos: el de la Editorial Einaudi, entonces la más importante de Italia, no solo por su rol editorial, sino porque había reunido en torno a ella a importantes intelectuales y escritores, como Carlo Levi, Natalia Ginzburg y Cesare Pavese.

Precisamente, a este último estuvo vinculada para Calvino la Turín literaria: "Puedo decir que para mí, como para otros que lo conocieron y frecuentaron, el aprendizaje de Turín coincidió en gran medida con el aprendizaje de Pavese. Mi vida turinesa lleva su sello; cada página que escribía era él el primero en leerla; fue él quien me dio un oficio, introduciéndome en esa actividad editorial por la que Turín es todavía hoy un centro cultural de importancia más que nacional; fue él, en fin, quien me enseñó a ver su ciudad, a gustar de sus sutiles bellezas, paseando por avenidas y colinas". Es gracias a Pavese que publica en esa editorial su primer libro: El sendero de los nidos de araña, en 1947, como publicará después tantos otros.

En la década del 60, Italo Calvino se traslada a París, desde donde seguirá trabajando para Einaudi. Su visión de este espacio es la de "una ciudad imaginada a través de los libros, una ciudad de la que uno se apropia leyendo", y la de él en esa ciudad, la de un ermitaño. A París no llega con el espíritu de descubrimiento y de aventura de la juventud, es la ciudad de la madurez. En París tiene su estudio, escribe, sale poco, apenas a comprar los diarios italianos a St. Germain-des-Près; en París se siente invisible y por ello se encuentra bien.

El anonimato, piensa, es la condición ideal del escritor, porque entonces su figura desaparece y su obra ocupa la totalidad del cuadro. "París es más el símbolo de otro lugar que otro lugar", afirma. Calvino solía decir que en París tenía su casa de campo, "en el sentido de que, siendo escritor, una parte de mi trabajo la puedo desarrollar en soledad, no importa dónde, en una casa aislada en medio del campo, o en una isla, y esta casa de campo yo la tengo en el centro de París".

La ciudad ha estado siempre presente en las obras de Calvino, no una en especial, sino la ciudad como conjunto, no solo como espacio, sino como conglomerado de los problemas y condiciones que se le asocian, como el smog, la publicidad o la especulación inmobiliaria. Ahí están La nube de smog, Marcovaldo o Las estaciones en la ciudad, La especulación edilicia, Palomar y, sobre todo, Las ciudades invisibles. La ciudad ha sido en su literatura un escenario y un símbolo de la vida del siglo XX, pero también un lenguaje cuyos códigos se entremezclan.

En París, en el lugar del anonimato y del distanciamiento, escribió Las ciudades invisibles, un libro alegoría, de género impreciso y ordenamiento simétrico, en el que mecanismos formales cercanos a la poesía tratan de ceñir la vastedad de un mundo que escapa al control. En él la ciudad se hace símbolo de la tensión entre la regularidad de la geometría y el enredo desbordante de los seres que la habitan. Marco Polo le describe al Gran Kan las ciudades vistas o imaginadas en sus viajes, todas de nombre femenino, que no son solo ciudades del imperio, sino enclaves contemporáneos, mundos donde se escenifican las contradicciones de la vida humana. El Kan reduce esas visiones a esquema, Polo se detiene en los detalles, y estas dos formas de ser exactos corresponden, según Calvino, a dos modelos de belleza y de crecimiento en el tiempo, que son el cristal y la llama. En el cristal se resume la invariabilidad y la regularidad de la forma; en la llama, una forma exterior constante envuelve la agitación interna. La forma lineal del cristal recuerda a Turín; la convulsión de la llama, a la vida tumultuosa de París a través de los siglos. En Las ciudades invisibles los opuestos conviven y se complementan, y las ciudades son imágenes mentales, por ello invisibles.

Mental o interior es la ciudad de la que se aleja y quiere tener presente desde la distancia. Es decir, la Italia de su infancia, y concretamente San Remo, la que no menciona en su obra, como Marco Polo no habla de Venecia. Una combinación de presencia y ausencia, de estar y no estar. Calvino comenta que "entre las ciudades invisibles hay una sobre zancos, y los habitantes miran desde lo alto su propia ausencia. Tal vez para comprender quién soy debo observar un punto en el cual podría estar y no estoy. Como un viejo fotógrafo que se pone en pose ante el objetivo y corre luego a aplastar la perilla, fotografiando el punto donde podía estar y no está".

EN LA WEB
Tres páginas que ofrecen abundante información sobre este gran escritor italiano:
http://www.booksfactory.com/writers/calvino_es.htm http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article34.html http://acteondural.blogspot.com/2006/05/italo-calvino-y-la-escritura.html

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook