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LA SEMANA QUE PASÓ

Más que una sensación

Por Pedro Ortiz Bisso

Tienen razón los colombianos al sentirse ofendidos cuando el nombre de su país es utilizado alegremente como un malhadado adjetivo para calificar una situación de inseguridad. Lo mismo sentimos los peruanos cuando un compatriota comete un delito en el exterior y alguna despistada autoridad foránea intenta estigmatizarlo por su origen. Sin embargo, minimizar el miedo que se respira en muchas de las calles del Perú, al decir que es apenas una sensación solo porque no ocurren tantos robos, secuestros o violaciones como en otros países, es un consuelo barato que no resiste el menor análisis. Tal razonamiento evidencia la enorme distancia que existe entre la percepción de ciertas autoridades y lo que vive, y sufre, todos los días el ciudadano de a pie.

El último miércoles un balazo en la nuca acabó con la vida de José Ángel Mori Soto, 'Shevaco', un procesado por narcotráfico que en ese momento se dirigía al penal de reos primarios para participar en una audiencia judicial. Lo mataron en plena calle, en una de las más concurridas de la ciudad --la avenida Nicolás de Piérola-- pocos minutos antes de las 3 de la tarde, en medio de transeúntes y vendedores ambulantes.

En la misma semana, el lunes, se supo que seis miembros de una familia habían sido asesinados y descuartizados en Ucayali, al parecer por su decisión de colaborar con la erradicación de los cultivos ilegales de coca. En setiembre del año pasado, en San Borja, un presunto narcotraficante murió abaleado en un restaurante de comida rápida y dos meses antes, el vocal Saturno Vergara, quien se encargaba del juzgamiento de una banda de traficantes de drogas, fue asesinado en un restaurante a pocas cuadras del Palacio de Justicia.

¿Con todos estos casos, hay razones para pensar que la inseguridad es una exageración? Añádale los asaltos, arrebatos y demás actos delictivos que han multiplicado la demanda de guachimanes y sistemas de seguridad, convirtiendo a ciudades como Lima en una sucesión de manzanas enrejadas, donde sus habitantes de guarecen temerosos de lo que ocurra más allá de sus puertas.

Si hay algo de lo que no existe duda, es la ineficacia del Gobierno para combatir la inseguridad. Y eso es más que una sensación.

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