Por David Rivera del Águila. Economista [Editor]
¿Será la inminente recesión en Estados Unidos no tan profunda ni prolongada y no afectará sustancialmente al resto del mundo, o sí lo será y contagiará con fuerza a las demás economías del planeta? No pretendemos dar una respuesta a una pregunta que los propios especialistas no tienen del todo clara, pero sí presentarles nuestro punto de vista sobre las posiciones y las principales variables que están en juego hoy.
La principal preocupación es que el tiempo va dándoles la razón a aquellos economistas que desde el 2006 avizoraban una recesión en la principal economía del mundo, pero que eran mirados como bichos raros por la mayoría de analistas que mantenían la posición de que EE.UU. tendría un aterrizaje suave o una desaceleración. Hoy, a pesar de que los indicadores macroeconómicos aún no registran una recesión, nadie duda de que esta ya comenzó a nivel micro. La mejor muestra de la preocupación (o desesperación) que hay en EE.UU. es, primero, la reacción del presidente George W. Bush, que anunció un paquete improvisado de medidas para rescatar la economía de su país, y, segundo, la consecuente reacción de la Reserva Federal (ante el pesimismo de los mercados), que tuvo que tomar una decisión histórica y rebajar las tasas de interés (para impulsar el consumo y la inversión) en niveles nunca vistos y de manera repentina.
A pesar de ello, la mayoría de economistas y analistas afirman ahora que la recesión de EE.UU. no será tan pronunciada y que no afectará significativamente al resto del mundo. El punto está en que la posición de aquellos que pronosticaban la recesión desde hace un par de años es que esta será mucho más grave de lo que se cree y que de todas maneras alcanzará a otras regiones del mundo, algo que la mayoría de analistas o descarta o comienza a ver como probable pero con una magnitud baja (vea nuestro Informe). Como ya ha sido explicado, si la crisis estadounidense termina afectando por ejemplo a Asia, el problema para nuestro país ya no sería solo que nuestras empresas exportadoras a EE.UU. se verán afectadas, sino que además la bonanza fiscal que vivimos por el elevado precio de los minerales podría atenuarse o comenzar a llegar a su fin.
Después de conversar con algunos economistas y leer algunos artículos, parece que el punto crítico en la discusión está en lo que llaman los desacoplamientos o acoplamientos. Me explico: para quienes piensan que esta crisis no se propagará, además de considerar que no será tan pronunciada, el resto de economías del mundo se ha desacoplado de EE.UU., y los indicadores como las tasas de crecimiento de países emergentes o las políticas monetarias asumidas por algunos otros son muestra de ello. Pero para los más pesimistas respecto al futuro de la economía global, en un mundo cada vez más globalizado en su comercio, en las finanzas, en las inversiones existen suficientes variables en juego para generar una reacción en cadena.
¿A quién le creemos? Difícil tomar posición, incluso para los economistas que han estudiado el problema más profundamente. El resultado dependerá del peso que tenga cada una de las variables antes mencionadas y de las decisiones que se vayan tomando en los siguientes meses. Lo único cierto es que las crisis internacionales terminan siendo siempre más graves de lo que se preveía y cuando se desatan aparecen variables no previstas inicialmente. Hoy, nadie duda de que la economía mundial está más robusta, debido a la presencia de otros jugadores de peso (China e India, por ejemplo) ni que para el caso particular del Perú, una recesión en EE.UU. e incluso con repercusiones en el mundo, nos agarraría con una mayor solvencia macroeconómica. Pero en el plano internacional, no todas las variables en juego están claras, por lo que es difícil saber con seguridad qué es lo que pasará.
Sea como fuere, se supone que la economía mundial está en su quinta onda larga del capitalismo, la que se inició en los años 90. Según los entendidos, cada onda larga dura unos cincuenta años, por lo que la crisis de fines de dicha década es considerada como una de esas fases recesivas (o expansivas) que se producen dentro de cada onda. La que está en proceso, entonces, debería ser otra más y, por lo tanto, cualquiera sea su magnitud, no debería llevarnos a perder de vista las perspectivas de largo plazo.
En este sentido, sería importante tener en consideración dos aspectos. El primero, que solo por precaución y porque el objetivo debe ser minimizar las consecuencias de un posible contagio en el mundo, deberíamos comenzar a prestar atención a aquellos analistas con una posición más pesimista sobre la magnitud de la crisis estadounidense y sobre sus implicancias para el resto de países; de nuevo, solo por precaución. Y el segundo, aunque suene contradictorio, que la confianza jugará un rol fundamental en la magnitud de la crisis y en su contagio al resto de países, por lo que un elemento clave para el futuro de nuestra economía, en particular, será tratar de mantener la confianza que existe, para poder así sostener el crecimiento en las inversiones y el dinamismo de la demanda interna. Por más pronunciada que sea la crisis, el corto plazo no debería terminar vulnerando las expectativas de largo plazo.