Qué pésima señal para una mejor moral pública que el confeso corrupto, y según varios testimonios, patrocinador oficial del grupo Colina, general Nicolás Hermoza Ríos goce con desparpajo de una "hospitalización dorada".
Este militar, que es motivo de vergüenza y deshonra para su institución, fue internado en el Hospital Militar el 7 de diciembre pasado por una leve dolencia maxilofacial, pero sospechosas e injustificadas dilaciones le han permitido continuar internado hasta la fecha. Con lo cual evita, de este modo, su merecido encierro en el penal de San Jorge.
Después de revelado este privilegio, la actitud severa y oportuna del ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, marca la pauta para quebrar esta cadena de gollerías que incluiría a otros militares presos por corrupción. Sus primeras palabras, tras conocer el informe de la Inspectoría General del Ejército, revelan que no está dispuesto a pasar por alto semejante burla a la justicia.
Del mismo modo, un llamado de atención para el comando del Ejército y a todos los institutos armados, para que zanjen y sancionen a los oficiales que en un mal entendido espíritu de cuerpo conceden privilegios en los hospitales castrenses a militares presos por actos de corrupción en perjuicio del Estado Peruano.
¿Acaso ya olvidaron que el general Hermoza Ríos admitió un enriquecimiento ilícito por más de 20 millones de dólares? Y, peor aun, parte del botín fue obtenido en pleno conflicto con el Ecuador. Esta traición jamás será olvidada por los peruanos.