Sao Paulo [EFE]. Añejo como el vino y con el olfato intacto del cazador que exhibe como su más preciado trofeo una presa de mil goles, el brasileño Romario de Souza Faría celebra hoy sus 42 años con el inevitable acecho del fantasma del retiro y su eterno amor por las redes.
Ni las reiteradas lesiones ni una sanción que pesa sobre él por dar positivo en un control antidopaje en la liga local y que lo alejó temporalmente del césped hicieron que el 'Baixinho' jubilara sus zapatillas y dejara en el 2007 las canchas, que todavía son testigo de su matrimonio con las redes contrarias.
Como pasó en Europa con el holandés Ruud Gullit y el italiano Gianluca Vialli, quienes en sus últimos años de fútbol activo afrontaron la dualidad de ser jugadores y a la vez técnicos en la competitiva Liga Premier inglesa, Romario afronta esta temporada como entrenador y delantero del Vasco da Gama de Río de Janeiro.
Romario espera este año colgar los botines en el mismo equipo que lo lanzó al fútbol profesional en 1985, tras su brillante actuación con la selección juvenil brasileña campeona del Sudamericano Sub 20 de Paraguay y del Mundial de la otrora Unión Soviética.
En su extensa carrera profesional, Romario consiguió el título como goleador y campeón del Mundial de Estados Unidos 94 y la consagración ese año como el mejor jugador del mundo y Pichichi de Oro con el Barcelona, además de la distinción como mayor artillero de la Liga Holandesa en 1989 y de varias disputas locales en Brasil.
El 'Baixinho' también pasó por frustraciones como las de no disputar los mundiales de Italia 90, Francia 98 y Corea del Sur-Japón 2002, así como los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
De los mundiales de Italia y Francia quedó al margen por lesión y del 2002 por disposición del entonces entrenador brasileño Luiz Felipe Scolari.
Sus reiterados anuncios de abandonar la competencia profesional siempre fueron borrados por el clamor de la 'torcida' (hinchada) carioca y por el propio deseo del insigne artillero de alcanzar la soñada cifra de 1.000 goles, marca que en Brasil apenas fue sobrepasada por Pelé.
Los goles de todas las facturas, unos más determinantes que otros, pero todos con la marca personal de aquel delantero que anticipaba en su pensamiento la intención de sus compañeros y rivales, siempre vencieron una carrera empañada fuera de las canchas.
Son varios los capítulos extrafutbolísticos protagonizados por el cuarentón jugador, quien pasó por turbulentas relaciones amorosas en sus cuatro matrimonios, así como por disputas judiciales con sus ex entrenadores Jorge Mario Lobo Zagallo y Arthur Antunes Coimbra 'Zico', por ridiculizarlos en unas caricaturas en uno de los baños de su antiguo bar en Río de Janeiro.
La justicia también lo citó en el 2005 para que explicara por qué su hijo mayor, entonces con 12 años, frecuentaba al lado de un tío fiestas privadas de un reconocido narcotraficante de Río de Janeiro.
El goleador nunca ocultó su gusto por la vida bohemia, siempre argumentó que él no era atleta y que, por lo mismo, no necesitaba un gran estado físico para jugar al fútbol.
Otra actividad que copaba sus momentos de ocio era la práctica del fútbol playa, incluso cuando estaba lesionado, razón que causó grandes disgustos a sus entrenadores, pero no lo persuadió de cambiar sus hábitos en Río de Janeiro.
Apenas las seductoras ofertas del fútbol internacional, como las del holandés PSV Eidhoven y la del Barcelona en la cúspide de su carrera, o las del Valencia (España), Al Saad (Arabia Saudí), Miami Fusion (Estados Unidos) o Adelaide (Australia), en lo que parecía momentos de ocaso, hicieron que Romario alistara sus maletas.
El 'Baixinho' fue futbolísticamente 'trígamo', al 'casarse' con tres de los cuatro grandes equipos cariocas, como el Vasco da Gama, el popular Flamengo y el eterno rival de ambos, el Fluminense, cuyas 'torcidas' se dividen el amor de aquel novio que les entregó alegría y momentos de placer, a pesar de reiteradas ausencias a entrenamientos.
En el 2005, con 39 años y defendiendo al 'Flu', Romario se consagró como el máximo artillero del Brasileirao, en una cerrada disputa por el título de goleador con el argentino Carlos Tevez, entonces ídolo del Corinthians de Sao Paulo, campeón en esa temporada.
El deseo de Romario era despedirse del fútbol en el modesto América de Río de Janeiro, el equipo de los afectos de su padre, y nada raro sería que en su dilatada retirada de las canchas el 'Baixinho', activista en la causa por los niños con síndrome de Down, mal que padece su hija menor, complazca al viejo Edevair.