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RECUPEREMOS LA PASIÓN POR LOS LIBROS

Bibliolatría

Por Iván Rodríguez Chávez. Rector de la U. Ricardo Palma

La falta de práctica en la lectura y el abandono del libro sugieren una cruzada que favorezca su valoración social. En muchos sectores de nuestra sociedad existe indiferencia frente al libro. Este medio que contribuye con la cultura y la educación, no solo carece de atractivo, sino que no ocupa un lugar importante en la actividad diaria.

El uso del libro está asociado a una necesidad compensada, es decir, se recurre a él por obligación, o porque debe cumplirse una exigencia ligada al aprendizaje. En otros términos, recurrimos al libro porque debemos someternos a una evaluación y consecuentemente recibir una calificación. Por eso decimos, que esta situación hace del libro una necesidad compensada. Entonces la lectura resulta ser una actividad sin preferencia.

Entre la posibilidad de varias actividades, se escogerá otra, menos la lectura. Algo peor, para muchos la lectura está ligada al tedio, al bostezo, al sueño. Es una especie de somnífero contemporáneo, paradójicamente en la llamada era de la información y del conocimiento. De esta manera la lectura es excluida como medio de entretenimiento, como vía para evadirse de un contexto endurecido y con dificultades para mejorar la calidad de vida.

Frente a este fenómeno socialmente extendido y de nefasta consecuencia en los individuos y la sociedad, cabe reivindicar al libro y la lectura. Promover la estimación del libro, el cariño al libro. Fomentar en todos los ambientes la bibliolatría; vale decir, el culto al libro para reponer la biblioteca personal, familiar e institucional; convertirlo en objeto de compra, de obsequio, de préstamo y cuidadosa conservación.

Una campaña de esta naturaleza no significa rehusar al televisor y la computadora, que actualmente absorben el poco tiempo disponible y han desplazado erróneamente al libro, en un país con poca tradición bibliófila y costumbre lectora. El mal uso de estos medios, ha sobredimensionado los aparatos electrónicos en desmedro injustificable del libro.

Produce, también, la carencia de buenas y equipadas bibliotecas, de servicios a domicilio, de préstamo de libros; y afecta la industria editorial. Trae su cuota a este desastre la carestía del libro y la existencia de poquísimas buenas librerías en las ciudades del país.

Aparejada al libro, la lectura, resulta urgente como práctica social desde el hogar. Padres y adultos debemos incorporar la lectura como actividad diaria; volver al libro de cabecera, a fin de formar este hábito con el ejemplo haciendo que las personas, desde la niñez, constaten que la lectura forma parte del quehacer diario y que actúa como medio para el desarrollo personal.

A la escuela, igualmente le atañe no solo instruir, sino, también educar. A los profesores les incumbe sustancialmente ser lectores habituales no solo para formar con el ejemplo, sino para contagiar el interés por leer y conducir a los alumnos al mundo maravilloso del libro y la lectura.

Quienes amamos el libro y disfrutamos de la lectura como patrimonio y enriquecimiento espiritual, sin aversiones gratuitas a otros medios informativos, adquiramos el compromiso, con todos los profesores a la cabeza, de ser agentes activos de la bibliolatría; esto es, el culto al libro para hacer de la lectura una actividad vital y placentera.

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