Por: Juan Paredes Castro |
Quieren tomar parte activa allí donde no están invitados. Y no quieren tomar parte activa allí donde sí están invitados.
¿Quién entiende, dentro de esta ironía, a las diplomacias de Bolivia y Ecuador?
Frente al diferendo limítrofe marítimo del Perú con Chile, por ejemplo, Bolivia y Ecuador tienen que saber que es un problema de dos y de no más de dos, y que frente a las negociaciones por un TLC con Europa, a través de la Comunidad Andina, en las que sí se requiere la cooperación de ambos, extrañamente tratan de dejar solos al Perú y Colombia.
El precio que está pagando el Perú, multilateralmente, en el seno de la Comunidad Andina, y con miras a un TLC con Europa, es, pues, demasiado alto como para tomar a la ligera las actuaciones remolonas de Bolivia y Ecuador. Más temprano que tarde, esta inútil multilateralidad andina, por la que dicen desvivirse Bolivia y Ecuador, va a perder sentido y podría ocasionarle un daño irreparable al Perú si oportunamente este no acelera, junto con Colombia, o por cuenta propia, un entendimiento con la Unión Europea.
En tanto la Corte de La Haya no le pida su opinión por escrito a Ecuador, su diplomacia debería andar con prudencia. Haber recibido de obsequio unas fragatas chilenas usadas y tener la oferta de venta de otras a cómodo precio no debería llevarlo a confundir convenios de pesca suscritos entre el Perú y Chile con tratados internacionales de frontera marítima que sencillamente no existen. Y en el supuesto caso de que Ecuador alentara desde hoy ilusoriamente resultados que pudieran beneficiarlo indirectamente dentro de seis o siete años, lo único que podría estar haciendo es jugar con expectativas inciertas, como las que ya vivió en los tiempos en que se pasó desconociendo el Protocolo de Río de Janeiro, para luego terminar reconociéndolo.
Nada les cuesta a Bolivia y Ecuador contribuir a sus buenas relaciones bilaterales con el Perú, de la misma manera como lo hacemos nosotros. Y eso pasa por reconocer el derecho del Perú y Chile de ventilar un contencioso jurídico bilateralmente, sin intromisiones de ninguna clase.
El problema de mediterraneidad de Bolivia, por ejemplo, no debe estar atado a la demanda peruana de límite marítimo ante La Haya. Claro que la diplomacia de La Paz nunca perderá la ocasión de un reclamo de salida al mar así tenga delante de sí precisamente una oportunidad no pertinente como esta.
¿Es que Bolivia y Ecuador buscan perder los trenes de la bilateralidad y de la multilateralidad a la vez? Parece que sí, lamentablemente.