Por Eduardo Morón. Economista*
El BCR busca minimizar la posibilidad de que la inflación esperada se salga de un rango establecido. Para ello utiliza un instrumento: la tasa de interés de referencia. Si ve que hay presiones inflacionarias, la sube y, si ve lo contrario, la reduce. Así de simple y potente. Los economistas llamamos a este enfoque de minimización de pérdidas porque así se puede representar a un banco central que lucha por cumplir con su compromiso con una meta inflacionaria. Este enfoque funciona bien cuando todo lo demás funciona bien. Es decir, cuando el ambiente macroeconómico está relativamente calmado. En pocas palabras, hoy no funciona. Y no funciona en el sentido de que la política monetaria necesita mayor flexibilidad para actuar frente a situaciones extremas. En particular, cuando los riesgos que el directorio del BCR quisiera evitar van mucho más allá de mantener las expectativas inflacionarias cercanas a la meta. Es importante entender que hoy el BCR tiene el compromiso de mantener la inflación baja porque el ciudadano promedio quisiera que haga eso. Así lo expresa nuestra Constitución y la Ley Orgánica del BCR.
El problema es que no siempre los tiempos son tranquilos. El BCR la está pasando muy mal esta semana. Los especuladores internacionales han sacado sus cuentas y salimos entre los países más propicios para atacar su mercado cambiario. Esto que suena a guerra es el pan de cada día de los mercados financieros. Cada vez que hay una oportunidad de ganar con facilidad, ahí estarán ellos, dispuestos a inundar los pequeños mercados con el clic de su mouse. No es que sean mala gente, pueden ser hasta encantadores, pero serán implacables para aprovechar las ventajas del mercado.
Tal como lo señala Frederic Mishkin, actual miembro de la Reserva Federal, uno puede distinguir los riesgos de valoración de activos de los riesgos macroeconómicos. Lo aconsejable es que los bancos centrales solo respondan a los segundos. En lugar de evitar el riesgo macro actual se prefirió ser conservador y ahora estamos enredados. El BCR debería minimizar la probabilidad de los riesgos macroeconómicos futuros.
Pero el BCR ha entrado en trompo porque ha querido responder a la inflación y, a la vez, evitar caer presa de los especuladores. Por un lado, decidió subir la tasa, que atrae más especuladores y, por otro, cambiar por completo la forma como opera el mercado de liquidez de corto plazo. Antes, el manejo se hacía fijando una tasa de referencia y, a través de los certificados de depósitos (CD), controlaba que la tasa interbancaria estuviese muy cerca de la de referencia. Es decir, la tasa de referencia servía de guía para anticipar qué es lo que el BCR quería hacer con su política monetaria. Hoy ya no es así. La tasa de referencia va por un lado y la interbancaria se ha vuelto volátil .
Creo que ha llegado el momento en que el BCR debe considerar seriamente dejar flotar libremente el tipo de cambio y que esa volatilidad sea lo que evite que más especuladores lleguen. La política de no emitir CD para que no tengan activos que comprar no es sostenible sin abandonar el esquema de metas de inflación explícitas. El BCR no puede pretender que cerrar la puerta de la casa frene a alguien que sabe que si entra tendrá ganancias.
*UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO.