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¿Al son de qué música baila Tula Benites?

Por: Juan Paredes Castro |

Hace rato que la congresista aprista Tula Benites, acusada del mismo delito de Elsa Canchaya, es decir, de contratar a un empleado fantasma, baila sueltamente en un pie en el reino de la impunidad que el propio Poder Legislativo ha creado en sus reglamentos.

Por si alguien no lo sabe, estos reglamentos multiusos sirven para evitar, entre otras cosas, desde el quórum de una sesión hasta el avance de una investigación de consecuencias cruciales.

Hay quienes piensan que cambiando estos reglamentos las cosas podrían empeorar para la parlamentaria de marras. Por el contrario, su proceso se podría complicar y prolongar más; y el tiempo, manejado como está siendo manejado, empezaría a jugar a su favor.

Los reglamentos, blandos e ineficientes para los fines de control y fiscalización de la conducta de los legisladores, no juegan un papel gravitante en la suerte de Benites. La clave de su impunidad o de su camino a la justicia depende de lo que la dirigencia aprista esté dispuesta a hacer o no hacer. Hasta hoy, esta solo se ha puesto de perfil y le ha guiñado el ojo. ¿Se atreverá de veras a bajarle el dedo, como muchos esperan?

La entrada triunfal de Luis Gonzales Posada en el Congreso, con aires severos de fiscalización, tuvo precisamente su primer remezón en el hecho de que no pudo mover un dedo contra "la compañera Benites". Desde entonces, ninguna otra autoridad del Apra ha deseado pronunciarse con la seriedad y responsabilidad que compromete el caso, por cierto tan descarado como el de Canchaya.

Lo peor de todo podría ser que, en el fondo, ni la alta dirigencia del Apra se sienta en capacidad de ejercer autoridad sobre ella, en virtud de sus "invalorables" servicios a la campaña electoral presidencial del 2006, un motivo suficiente para neutralizar inclusive una acusación de corrupción de la gravedad que afronta.

Si esta fuera la circunstancia, que no descartamos, lo sano sería esperar que la señora Tula Benites, así, con todas sus letras y generales de ley como congresista de la República, decidiera voluntariamente ponerse a derecho y asumir todas las consecuencias de su falta y de las imputaciones que se le hacen.

Esto le haría mucho bien a su partido y a la imagen de un Parlamento desprestigiado por su mal fundado espíritu de cuerpo.

A ver, pues, si en los próximos días la señora Benites deja de usar los reglamentos del Congreso como pista de baile y se allana a transitar el camino rocoso de la justicia, sobre todo para liberar a sus compañeros de bancada de cualquier complicidad con la corrupción.

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