Por Ricardo González Vigil
Si usted no ha leído a Óscar Hahn (Chile, 1938), ya es hora de adentrarse en su excelente obra poética, iniciada con precoz madurez artística en 1961 ("Esta rosa negra", premio de la Sociedad de Escritores de Chile) y que lo ha consagrado como uno de los grandes poetas hispanoamericanos actuales.
Deléitese, por ejemplo, con el poemario que ha obtenido el Premio Casa de América de Poesía Americana en su sexta edición (recordemos que, en el primer certamen, fue premiado el destacado poeta peruano Eduardo Chirinos) y que fue editado en la prestigiosa Colección Visor de Poesía: "En un abrir y cerrar de ojos".
Conviene detenerse en el título para apreciar la riqueza significativa de Hahn, preciso y, a la vez, sugerente, admirablemente escueto a la par que complejo, múltiple. En un primer plano, se trata de una expresión coloquial que significa "rapidísimamente": la fugacidad del amor y de la vida que, efectivamente, aflora en varios poemas del libro, incluida la referencia a catástrofes colectivas (guerras, acciones terroristas).
Pero ese coloquialismo adquiere, además, un sentido que quiebra su rigidez de frase hecha: Nacer (abrir los ojos) y morir (cerrar los ojos); así como una pieza teatral de Beckett condensa el existir en las dos fases de la respiración, aspirar (nacer) y expirar (de hecho, ese vocablo es un sinónimo de fallecer). El poema que pone de relieve ese simbolismo posee reminiscencias de Quevedo: "Pañales y mortajas", en particular los versos "Y el hoy que nace al despuntar el día / no alcanza ni siquiera a pestañear / cuando los ojos que recién abría / los tiene prontamente que cerrar" (p. 38). Muestra ejemplar de cómo Hahn se apropia de versos e imágenes de la tradición literaria y los rehace con su personalidad creadora, capaz de plasmar lo que parecía imposible: una irreverencia soterradamente tierna, un cinismo intelectual con el corazón en la boca.
A la fuente libresca, Hahn añade, sobre todo, la intensidad de la pasión, la vibración de lo vivido. En el libro que comentamos, el peligro de quedar ciego (terrible estigma de poetas): "Tenía unos cinco poemas inéditos, luego vino una operación a fines de agosto de cataratas. La intervención iba a ser simple, pero resulta que al mes estuve peor y llegó un momento en que ya no veía. Tuve un grave desprendimiento de retina y me llevaron a un hospital de urgencia y otra vez me operaron. Todo esto duró seis meses, y ahí comenzaron a salir estos poemas". El riesgo de la ceguera (quedar con los ojos cerrados) emerge explícito en el poema llamado, precisamente, "Ojo".