Sugieren que participen en cursos no académicos para que puedan relajarse. Asignarles labores para realizar en casa también es recomendable
Durante nueve meses del año, mientras se concentran en sus estudios, los niños y adolescentes en etapa escolar cargan el trabajo al hemisferio izquierdo de su cerebro, ligado a lo lógico-matemático. En ese período, el otro hemisferio (el derecho, el de la creatividad) queda relegado. Sin embargo, no es recomendable que el tiempo de exigencia académica se extienda a lo largo de todo el año ya que se corre el riesgo de la aparición de estrés en los más jóvenes.
El Ministerio de Salud explica, a través de una nota de prensa, que el estrés se manifiesta en los jóvenes con violencia, ansiedad, timidez, nerviosismo, trastornos de sueño, llanto fácil, pérdida de apetito, o cualquier otro comportamiento no habitual. Esa institución recomienda a los padres de familia que, en las vacaciones de verano, los menores se relajen con diversas actividades no académicas.
Freddy Vásquez Gómez, psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, indica que el estrés es solo la señal de alarma, un indicador para darnos cuenta de que al niño se le está exigiendo que rinda más de lo establecido. "Entre el 20% o 25% de chicos sometidos a este tipo de presiones termina sufriendo alguna enfermedad mental", asegura.
El especialista afirma que el estrés aparece también por la competitividad entre amigos o hermanos: el niño cree que estudiando más tiempo, sin descansar, superará a los demás. Agrega que esta idea muchas veces es reforzada por los mismos padres, quienes en su afán por que sus hijos obtengan logros importantes a una edad temprana los matriculan en academias preuniversitarias durante todo el año.
Para evitar estas situaciones, Vásquez aconseja que durante el verano el niño debe dedicar su tiempo libre a practicar algún deporte, a tomar clases de idiomas, oratoria, pintura, baile, música, teatro, yoga o cualquier actividad que le permita expresarse y, sobre todo, eliminar algún cuadro de estrés o ansiedad por el cual esté pasando. Sin embargo, ello no significa que se deban practicar varias actividades en el mismo período.
Para el psicólogo Roberto Llanos, de la clínica Ricardo Palma, esto le produciría una sobrecarga por agotamiento y por ende una disminución de las capacidades emocionales e intelectuales, del mismo modo que sucede con un adulto, ya que el 60% de la vida de un niño está relacionada con el juego.
LABORES EN CASA
Según los entendidos --y para alegría de las madres--, las labores domésticas son una muy buena alternativa si es que no se cuenta con los medios económicos para las actividades antes mencionadas. La posibilidad de disfrutar plenamente de las vacaciones de verano no significa que las responsabilidades sean anuladas, pero estas deben ser acordes con la edad de los menores.
De manera creativa los chicos pueden aprender a cocinar, clasificar por colores las verduras, las sábanas, toallas o prendas de vestir, entre otras actividades que pueden realizar en compañía de sus padres. Así, el niño o adolescente llegará renovado al siguiente período escolar y obtendrá mejores resultados.
EL DATO
Ojo con el juego
Según el psiquiatra Freddy Gómez, la actividad principal de un niño pequeño es el juego, por lo que puede dedicarle incluso más de ocho horas diarias. Sin embargo, los más grandes deben restringir esta actividad a unas tres horas al día.