Por Miguel Ángel Cárdenas
Si existiera una ruta de aviación que recorriera sentimientos e ideales en lugar de países, la travesía de vida de la capitana Melanie Wiedler sería Pasión-Cielo-Pasión, ida y vuelta, con escalas comerciales en Curiosidad Ilimitada, Atrevimiento Inteligente y Afectos Controlados; y una escala técnica en Disciplina Interior para recargarse el motor. Ella llegó a la compañía TACA en el 2004 como copiloto de los titánicos Airbus hasta que, por "insuperables méritos", ascendió a capitana y debutó en el vuelo de la semana pasada: Lima-Buenos Aires-Lima y luego en el que llevó y trajo pasajeros de El Salvador, a mitad de esta semana. Con la corbata cortada a la mitad --símbolo de su ceremonia de ascenso--, Melanie recuerda cuando a los 19 años se inició en un mítico Pilatus Porter B2H4 (un avión monomotor, turbohélice, para 9 personas).
Tu vocación tiene que haber surgido por tu padre aviador. Incluso tienes fotos de pequeña con la piñata de un avión por tu cumpleaños.
De hecho es hereditario, porque toda la vida mi padre ha trabajado en aviación, desde que tengo uso de razón; él es ingeniero aeronáutico, pero empezó a volar como piloto privado a los 30 años. Él es suizo y yo nací en Suiza, viví allá hasta los 7 años, cuando vinimos al Perú, porque mi madre es peruana...
¿Recuerdas la primera vez que te llevó a volar?
Sí, yo tenía 5 años y nos fuimos con una avioneta a los Alpes, me acuerdo clarito. Hasta que mi padre quiso poner una empresa en el Perú y fuimos a Chiclayo. Y todavía recuerdo los paseos familiares de fin de semana a Santa Cruz en Cajamarca, a Chachapoyas, a Kuélap. Era bien bacán, porque nos llevaba a pasear a la sierra, la selva. Mi papá me decía: "Voy a hacer un vuelo lindo, me voy a ir a Tayabamba, la sierra de Trujillo o Huamachuco, ¿no quieres ir". Y yo le decía sí, a los 10 años, y me iba en el asiento de copiloto. Bajábamos al pueblo, mi papá compraba lechugas, todos los vegetales fresquitos, el quesito era riquísimo.
¿A qué edad tuviste claro que volar un avión era tu vocación?
A los 14 años me preguntaban qué es lo que quieres hacer y yo quería ser como mi papá. Estudiaba en el San Agustín de Chiclayo. A veces me fugaba del colegio para ir con mi papá, y mi mamá, que es economista, se molestaba. A mí me encantaba el cielo, ser como un ave, me encanta la turbulencia y no tenía miedo a las alturas, ese era mi 'feeling'. Cuando acabo la escuela, no quería ir a la universidad, y mis padres me dijeron piénsalo. Ah, no, dije, yo sé lo que quiero y es volar. Mi papá se puso súper feliz. En los vuelos ferry, él me daba el mando un toque y me decía: este avioncito tiene que estar derechito, esa bolita tiene que estar ahí, mantén ese rumbo, gira así. Esto es el compás, el altímetro. Pero no me enseñó todo, porque tenía que trabajar.
Y te vas a Estados Unidos para estudiar un año...
Mi viejo me dijo: ¿estás segura?, mira que el ambiente es de full hombres... pero nunca pensé en mi condición de mujer, lo mío eran el cielo, las aves, las nubes, el sol. Antes de ir a Estados Unidos me fui a Suiza un par de meses a trabajar en el departamento de mantenimiento de una empresa aérea. Me gané porque me iba a todos los vuelos de prueba de los SAAB 2000 y SAAB 340. Y me divertía un montón.
Tenías 18 años. ¿A esa edad piloteaste sola por primera vez?
Sí, cuando me fui como alumna al Fligh Safety International en Florida. Tenía 25 horas de vuelo con mi instructor y un día me dice: "Ya, Melanie, listo, te vas sola". Se bajó del avión, comencé a hacer empalmados y él me veía de afuera. Era bacán porque volaba a Orlando, Daytona, Georgia, Atlanta, con la avioneta de la escuela, para juntar horas. Y una vez que tienes 200 horas comienzas tu curso para sacar la licencia de piloto comercial. Yo me gradúo y regreso al Perú. Mi papá tiene una empresa de aerotaxi en Chiclayo, que luego transfirió a Pucallpa. Y comencé a volar por toda la Amazonía y fui capitán del Pilatus, que es una avioneta turbohélice, para nueve pasajeros.
Ese avión es una leyenda en la selva.
Es versátil, fabuloso, como un tractor, entra en cualquier pista; por eso, volábamos a campos inhóspitos y lejanos, donde un avión grande no puede entrar. Aprendí mucho, porque era el tipo de vuelo por el que quise ser piloto, algo más romántico. No vuelas tan alto como en un jet y ves la tierra todavía y tienes conexión con todos tus pasajeros. Yo le decía 'Pili' incluso al avión y le puse así a mi perrita poodle... Iba a Tocache, Tarapoto, con pasajeros, carga y hacíamos ambulancia aérea.
¿Y tenías que hacer rescates y evacuaciones de emergencia?
Recuerdo a una señora que tenía problemas de parto y ya se estaba muriendo en Contamana. Y ya estaba anocheciendo y en la selva no puedes volar de noche. Tuvimos que pedir un permiso especial. Fue una aventura porque tuvieron que ponerse mototaxis con las luces encendidas. Y vimos luces por todos lados. Y les dijimos por radio: si no se ponen de acuerdo, no podemos aterrizar. Pero se organizaron y se pusieron en todo el eje de la pista y había en fila como ocho mototaxis a los lados. Aterrizamos, sacamos a la señora en plena noche y le salvamos la vida. Recuerdo también a niños que tenían accidentes graves, casos de peritonitis. Mil veces me pasaba que estaba volando en la selva y venía una familia muy humilde con un chico que se estaba desangrando. No podían pagarme e igual los llevaba.
¿Alguna vez te tocó hacer un aterrizaje forzoso?
Sí, una vez, volando de Pucallpa a Atalaya, se me plantó el motor en el 2002. Pero planeé el
avión y aterricé en una chacra. Fue toda una aventura, a nosotros nos entrenan mucho en lo que es fallas todo el tiempo y ya sabes qué hacer. Pero es feo que te pase, encima en un monomotor. Gracias a Dios tenía un campito suficientemente amplio para que el avión aterrizara. Un poco que se volteó el avión, pero nadie salió golpeado, todos salieron ilesos. Me pasó a 9 mil pies, tenía ocho minutos para planear, y esos ocho minutos fueron eternos. Fue una experiencia que me fogueó y me demostró a mí misma cómo reacciono, me dio confianza.
Hablando de confianza. Alan García no te la tuvo al principio, en el 2001.
Él estaba haciendo su campaña presidencial y tenía que hacer un vuelo de Iquitos a Pucallpa, vía Requena y Contamana. Entonces contrataron mis servicios y fui a recogerlo a Iquitos. Y cuando Alan me vio, casi se muere de un infarto, me acuerdo de su cara. Me dijo: "¿Usted es el piloto?". Y le dije: sí, con un tono como diciendo si no te gusta no subas, no hay otra. Y tuvo que hacer un esfuerzo para confiar en mí. Tenía experiencia en manejar esas situaciones, porque me había pasado muchas veces, mi papá me tuvo que poner uniforme para que confiaran, porque él piloteaba en short nomás. Alan se subió y cuando llegó a la pista me dijo: "Señorita, cuando yo sea presidente usted va a ser mi piloto". Pero si lee esto, no lo aceptaría, ja, ja, ja.
También eres una experta en paracaidismo.
Es mi hobby, oye, pero no se ve bien que un piloto salte del avión mientras vuele, eh, ja, ja, ja. El paracaidismo es un deporte y bien llevado es muy seguro. Más inseguro es hacer motocross.
Sigamos, luego abandonaste la empresa familiar.
Hay un momento en que te das cuenta de que puedes crecer más. Y entré a Magenta Air, que estaba trayendo justo un avión DASH 8-100 que a mí me gustaba, que es turbohélice, turbina, dos hélices, carga 37 pasajeros, no es un jet, pero es un avionetón, con pantallas EFI, piloto automático, radar. Todas esas cosas que mi avioncito de la selva no tenía. Y volé a Arequipa, Huánuco... hasta que la empresa quebró.
Y a estas alturas era cierto lo que te dijo tu padre: era un mundo difícil de hombres.
Cuando vine a Lima sí sentí la pegada del machismo. Porque en la selva mi padre no era nada machista, me hacía marchar, recargar el combustible, ayudar a cambiar las llantas de un avión. Pero aquí si me veían, no daban nada por mí hasta que les demostraba mi capacidad. Con los hombres veían el currículo y decían confío en él. Cuando veían el mío, decían: "¿De verdad? ¿Todo eso has hecho? A ver quiero ver". Todo el mundo quería que lo demostrara y siempre tenía que estar demostrando. Pero, bueno, hacía las cosas bien y punto. Hasta que la gente te conoce, agarra confianza y te deja en paz. Después de Magenta quise entrar a TACA para volar un Airbus.
¿Qué es lo particular de un Airbus?
Es uno de los aviones más modernos que hay en el mundo: totalmente automático, tiene muchas computadoras, con última tecnología. Y entré a los 23 años. Primero fui al simulador, tuve que estudiar muchísimo. Mi primer vuelo como copiloto fue a Santiago, luego cinco horas a Montevideo, Sao Paulo... Desde ese día no he dejado de disfrutar mi trabajo y más ahora que soy capitán. Desde el 98 tengo ya casi diez años de experiencia y conocimiento y 4.200 horas de vuelo totales. Empecé el sábado que volé a Buenos Aires y hablé: "Habla su capitán, bienvenidos a bordo...", ja, ja, ja. Escuchan una voz de mujer y se asustan, y de mujer joven se asustan más. Tengo que poner la voz más seria. Pero al final los pasajeros me tocaban la puerta para felicitarme.
Como piloto no tienes fechas establecidas, ¿eso ha afectado tus relaciones familiares, amorosas? ¿Te ves piloteando embarazada o llevando a tus hijos como hizo tu padre contigo?
Esa es la parte difícil, tus seres queridos deben entenderlo. Estoy soltera ahora. Tuve un enamorado por cinco años y, en verdad, duró tanto porque existen personas que pueden entender. Ojalá conozca a alguien que entienda. Por seguridad, al tercer mes de gestación tienes que bajar a tierra y hacer un trabajo administrativo en compensación. Los hijos tienen que ser como mochilas, tienes que llevártelos a todos lados. Yo tengo un hermano chico y le paro comprando todo lo que es de aviones, después me doy cuenta y me siento sonsa. Pero en mi subconsciente, veo un zapatito con aviones lo compro, un polito con aviones lo compro, todo lo compro, ja, ja, ja.